REVISTA DE ADENAG
ISSN 1853-7367
Ejemplar
N°4 – 2014
SOCIEDAD DEL RIESGO Y ORGANIZACIONES DE ALTA
CONFIABILIDAD
RISK SOCIETY AND HIGH RELIABILITY ORGANIZATIONS
Natalia
L. González ngonzale@ungs.edu.ar
Universidad
Nacional de General Sarmiento
Ensayo
Resumen
La sociedad del riesgo no es sólo una preocupación de las
sociedades frecuentemente concebidas como desarrolladas, también forma parte de
la agenda pública de las sociedades en vías de desarrollo (e.g. sociedades
latinoamericanas). En tanto el riesgo comienza a ser discutido en las ciencias
sociales, desde de la teoría de la organización se desarrollan dos grandes
corrientes, la Teoría de los Accidentes Normales (TAN) (Perrow, 1984) y la
Teoría de las Organizaciones de Alta Confiabilidad (TOAC) (Hight Reliability
Organizations – HRO) (La Porte, 2001) que invitan a estudiar y reflexionar
sobre las características de este tipo organizacional y su relevancia en el
estudio de fenómenos de riesgo y accidentales.
The risk society is
not only a concern of societies often conceived as developed, but also part of
the public agenda of developing societies (e.g., Latin American societies).
While the risk begins to be discussed in the social sciences, from the theory
of the organization two great currents are developed, the Theory of Normal
Accidents (TAN) (Perrow, 1984) and the Theory of High Reliability Organizations
(TOAC) (Hight Reliability Organizations – HRO) (La Porte, 2001) that invite to
study and reflect on the characteristics of this organizational type and its
relevance in the study of risk and accidental phenomena.
Palabras Clave: Sociedad del
riesgo. Modernidad. Organizaciones de alta confiabilidad.
Keywords: Risk society.
Modernity. High
reliability organizations.
Introducción
A partir de la década del
70, se asiste al comienzo de una crisis (Linhart, 1997; Neffa, 1998) signada
por la confluencia de varios procesos: la crisis del petróleo, el advenimiento
de nuevas potencias mundiales, la crisis de los Estados de Bienestar, el surgimiento
de nuevas economías de bajos costos en los países asiáticos, aumento de los
índices de desempleo en forma persistente y la aparición de nuevas formas de
organización del trabajo. Esta fase es citada por Beck (2006) como sociedad del
riesgo. En ella, la producción social de la riqueza va acompañada
sistemáticamente por la generación de riesgos donde el estado de excepción
amenaza con convertirse en el estado de normalidad y se radicalizan los
principios de la modernidad (Giddens, 1993, 1997). Pero la sociedad del riesgo
no es sólo una preocupación de las sociedades frecuentemente concebidas como
desarrolladas, también forma parte de la agenda pública de las sociedades en
vías de desarrollo (e.g. sociedades latinoamericanas), espacios en los que la
modernización realiza un reparto constante de los riesgos.
En tanto el riesgo comienza a ser discutido en las ciencias
sociales, la teoría de la organización realiza aportes a un objeto de estudio.
Se desarrollan dos grandes corrientes, la Teoría de los Accidentes Normales
(TAN) (Perrow, 1984) y la Teoría de las Organizaciones de Alta Confiabilidad
(TOAC) (Hight Reliability Organizations – HRO) (La Porte, 2001). Estos aportes
ponen en discusión los desafíos de la gestión y de la teoría de la organización
para hacer frente a procesos productivos y organizaciones más complejas y más
riesgosas.
De la
modernidad a la posmodernidad
La crisis de los ‘70 marca la transición de la modernidad a la
posmodernidad, de las sociedades industriales a las postindustriales o
sociedades de riesgo y del paradigma fordista al posfordista. El posfordismo,
como nuevo paradigma, intenta dar respuesta a las transformaciones que
interpelan en diversos planos a las relaciones sociales y las identidades
tradicionales. Como señalan Hardt y Negri (2005) las luchas de la época estaban
destruyendo un régimen de producción y de acumulación de capital, pero también
de producción de subjetividad. Al mismo tiempo, estaban inventando otro. Toda
una serie de eventos como la guerra de Vietnam, las sublevaciones obreras y
estudiantiles y la emergencia de movimientos sociales obligaron al capital a
transformar el paradigma de producción, de otra manera el capital inerte
permanecería bajo la misma lógica de funcionamiento.
La nueva modernidad es definida por el carácter bifronte y la
multidimensionalidad. Una implica el desarrollo de oportunidades y la otra la
multiplicidad de riesgos; la multidimensionalidad exige tener en cuenta los
cambios institucionales que afectan al individuo, la producción de conocimiento
como el elemento cultural constitutivo del modo en que se organizan las
prácticas, la radicalización de la universalización, el funcionamiento del
mundo como sistema y los diversos sucesos contingentes que afectan la vida
social. La modernidad reflexiva (Giddens, 1997), anclada en la separación de
tiempo y espacio, en el despegue de los sistemas sociales y en la reflexividad,
posee sistemas normativos colectivos que son insuficientes para dar cuenta de
los procesos individuales. En consecuencia, los individuos son compelidos a la
individualización. Cada individuo es responsable único de su propio
comportamiento, de la construcción de su propia historia, sin tener en cuenta
códigos, estándares o pautas regulares de comportamientos (Fitoussi y Rosanvallon,
1996). Por ende, la seguridad ontológica (Giddens, 1997) propia de la sociedad
industrial y alcanzada a través de los soportes que otorgaba el Estado de
Bienestar y el trabajo asalariado en un marco de identidades sociales más
amplias, se diluye y comienza a ser problematizada.
Desde una perspectiva “optimista” Beck (2006) destaca el proceso
de individualización como una fuente de autonomía y construcción existencial de
los trabajadores. En las antípodas, Castel (1999) sostiene que en las sociedades
actuales es posible constatar este proceso de individualización, pero en forma
negativa ya que la sociedad en su conjunto exige que los individuos se
conduzcan como ciudadanos capacitados, autónomos y responsables pero no se
proveen las condiciones mínimas para que funcionen de esa manera ubicándolos
aún más en los sectores desprotegidos y vulnerables. De esta manera, prevalecen
actores de las sociedades tradicionales que constituían su identidad en torno
al significado del trabajo, del sindicalismo, y las posibilidades de ascenso
social y paralelamente surgen actores en la búsqueda de una identidad que
represente las nuevas características. Independientemente de la perspectiva
adoptada respecto de la individualización, los actores conviven en el escenario
del mundo del trabajo.
Teorías de
la modernización y riesgo en Latinoamérica
La sociedad del riesgo no
es sólo una preocupación de las sociedades frecuentemente concebidas como
desarrolladas, también forma parte de la agenda pública de las sociedades en
vías de desarrollo (e.g. sociedades latinoamericanas), espacios en los que la
modernización realiza un reparto constante de los riesgos. ¿Pero qué tanto del
paradigma posfordista o de las teorías de la sociedad postindustrial opera en
nuestra localización específica?
Si bien Beck (2002) se refiere explícitamente a la sociedad
global, su análisis descriptivo cuenta con mayor precisión los rasgos de una
sociedad nacional antes que global. Suponer que las teorías de la sociedad
postindustrial se replican en las sociedades latinoamericanas desconociendo
transferencias y adaptaciones sería restrictivo y estaríamos dejando de lado
algunas especificidades relativas a la localización. Por eso, nos interesa
incorporar nuevos estudios que cuestionan el axioma de la existencia de una
teoría de la modernización con nacimiento en las sociedades centro-europeas y
norteamericanas y su evolución hacia sociedades posmodernas o sociedades del
riesgo. Algunas contribuciones (Eisenstadt, 2000; Costa, 2006; Spohn, 2006, Domingues,
2009) señalan que existen varios modelos de modernidad de los cuales es
necesario dar cuenta, así como también de las discusiones que se vienen
desarrollando para comprender a las sociedades contemporáneas. De otra manera,
sociedades no europeas, terminan siendo llamadas neo-modernas. Nos referimos
específicamente a las modernidades múltiples (Eisenstadt, 2000) y las
contribuciones poscoloniales (Costa, 2006) en las que se discute la postura
hegemónica de la ubicación de la teoría de la modernidad como originaria de
Europa. Costa (2006) desarrolla que es necesario deconstruir la historia de la
modernidad y poner en evidencia las relaciones materiales y simbólicas entre
occidente y el resto del mundo. Si no, como bien señala Chacrabarty (2000) siempre
estamos en la búsqueda, siempre hay un déficit y lo que existe no lo podemos
ver.
El concepto de modernidades múltiples presupone que la mejor forma
de comprender el mundo contemporáneo es como una historia continua de
constitución y reconstitución de una multiplicidad de programas de cultura.
Así, la construcción de diversos caminos para arribar a la modernidad
contribuye a ampliar las perspectivas. Se propone también el concepto de
modernidades entrelazadas (Spohn, 2006) que concibe que la modernidad tiene
centros diversos de origen que se encuentran interrelacionados y donde se
involucran las relaciones de poder entre las regiones del mundo. Por ende,
pensar en la existencia de otros modelos de sociedad nos posibilita complejizar
el marco de interpretación donde el riesgo no sólo responde a las
características de la modernidad avanzada sino también a las relaciones de
poder imperantes en el mundo.
Walter y Pucci (2007) señalan que en las sociedades
latinoamericanas el riesgo se ha hecho evidente: con el crecimiento de eventos
catastróficos tales como el de Lapa, el incendio de Asunción y la disco
Cromagnon. No obstante, ello resulta dificultoso atribuir la proliferación de
riesgos a un estadío del desarrollo social. Las actividades que producen daños
ecológicos y la proliferación de procesos industriales creadores de riesgos
laborales, al menos en nuestro contexto nacional, no tienen estrecha relación
con el avance de la tecnología.
Mientras las transformaciones de los procesos de trabajo han sido
de mayor envergadura en las sociedades europeas y norteamericana, en las cuales
también se han modificado los componentes básicos de la modernidad (Beck, 2006;
Giddens, 1997), en Latinoamérica y en nuestro país, los cambios en los procesos
productivos asumieron características específicas que los apartan de los
modelos implementados en los países desarrollados (Pucci, 2004). Las
particularidades podemos entenderlas en dos niveles: un nivel que hace
referencia a la situación geopolítica de nuestro país, la historia y los hechos
económico-sociales, el desarrollo económico, la escasez de recursos económicos
y tecnológicos y la perdurabilidad de las características de la sociedad
industrial. Un segundo nivel más específico en el que incluimos los estilos de
gestión organizacional, en particular el modelo taylorista que no ha sido
reemplazado totalmente.
Y convive en el hacer con nuevos estilos de administración,
características culturales e idiosincráticas de las organizaciones en
Argentina.[1] En
este sentido, resulta interesante el análisis de los riesgos, sin perder de
vista las particularidades de nuestro país donde los riesgos no sólo se
encuentran vinculados al desarrollo de las sociedades y a la evolución de la
tecnología.
El riesgo
en la teoría de la organización
Las definiciones de riesgo e incertidumbre del economista Frank
Knight siguen teniendo mucha influencia en la conformación de definiciones de
riesgo que se realizan en diversos ámbitos. En esta perspectiva, el riesgo se
refiere a una situación en la que la probabilidad de resultados futuros es
medible. En oposición, la incertidumbre, se refiere a la imposibilidad de medir
resultados (Knight, 1921). Por su parte, Luhmann (1992) advierte la distinción
entre riesgo y peligro. El primero se refiere al caso en el que el daño es
consecuencia de una decisión mientras que el segundo hace referencia al daño
provocado externamente, por el medioambiente. En este sentido, el riesgo remite
a la idea de que el individuo puede evitar dicho daño o peligro al realizar
elecciones frente a situaciones contingentes.
Gilhou y Lagadec (2002) se preguntan si no estamos a punto de ser
barridos por lo que dimos a luz. Desde los ’60 el mundo evoluciona y se ingresa
en la lógica del cambio. Los cambios acontecidos traían aparejados ciertos
fenómenos que se globalizan a lo largo de la década del noventa del siglo XX. Las
amenazas no se circunscriben a un entorno específico, sino que proliferan desde
contornos ideológicos, tecnológicos e institucionales diversos. En el plano de
la seguridad industrial los autores señalan, a partir del accidente de Seveso,[2] la
necesidad de redimensionar la noción de riesgo. De esta manera, proponen el
concepto de riesgo tecnológico mayor para hacer referencia a aquellos riesgos
que salen del recinto industrial y que pueden afectar a toda una población.
En tanto el riesgo comienza
a ser discutido en las ciencias sociales, desde de la teoría de la organización
se desarrollan dos grandes corrientes, la Teoría de los Accidentes Normales
(TAN) (Perrow, 1984) y la Teoría de las Organizaciones de Alta Confiabilidad
(Hight Reliability Organizations – HRO) (La Porte, 2001). La teoría formulada
por Charles Perrow se aplica en organizaciones cuyas características
ontológicas acarrea inevitablemente accidentes
normales. Estos sistemas tienen dos características principales: la
complejidad interactiva, que se relaciona con la forma que interaccionan los
fallos en los componentes. Es decir, ocurren secuencias inesperadas o fuera de
la producción normal de interacciones entre los componentes. Y la integración
fuerte (tight coupling) que implica la velocidad de los procesos que son
mutuamente dependientes. La integración se refiere a que no existe laxitud ni
flexibilidad entre dos elementos. Lo que ocurre en un elemento afecta
directamente al otro (Perrow, 1984). Por otro lado, la teoría HRO se pregunta
acerca de las causas de la confiabilidad de los sistemas organizacionales
complejos. Su objeto de estudio consiste en comprender a aquellas
organizaciones que trabajan de manera segura y confiable en contextos cada vez
más complejos (Cantero, 2007:82-83). Corre su unidad de análisis incorporando
una nueva perspectiva que se centra principalmente en la confiabilidad del
sistema. Las organizaciones confiables son sensibles y se adaptan a pequeñas
señales del sistema que resuelven mediante modificaciones y ajustes (Barton y
Sutcliffe, 2009).
La confiabilidad de una organización es principalmente el
resultado de una correcta adaptación entre las demandas externas y la
estructura de las unidades de la organización. Las HRO intentan compatibilizar
los objetivos de seguridad con los económicos a través de procesos
organizacionales internos: las estructuras formales e informales de la
organización, los rituales de socialización, la planificación de las
operaciones, procesos de decisión pero finalmente y esencialmente la
confiabilidad responde a la capacidad y al ingenio de los actores (Bourrier,
2001). Esta línea advierte de una serie de características o procesos
cognitivos en estos sistemas (Weick y Roberts, 1993) como la preocupación por
el fracaso, la renuencia a realizar interpretaciones simples, el seguimiento
pormenorizado de todas las operaciones, el compromiso con la resiliencia y el
bajo nivel de especificación de la estructura organizacional. Estas
características conforman un proceso de conciencia activa (mindfulness) de
atención y capacidad para desarrollar y manejar eventos inesperados.
Desde la psicología cognitiva ergonómica, en consonancia con la
perspectiva de Weick y Roberts, Amalberti (2009) estudia la dinámica por la
cual los mecanismos cognitivos garantizan al operador seguridad, desempeño y
minimización de consecuencias fisiológicas y mentales. El autor considera que
se ha dado demasiada importancia a los mecanismos de error para explicar los
fallos del operador que explica mucho menos de lo que parece. Por eso, propone
un modelo cognitivo que permita comprender la inteligencia y la fragilidad de
los compromisos cognitivos de los operadores en situaciones de trabajo
habituales y dinámicas para garantizar la seguridad y el desempeño. Y
concretamente analizar las causas de ruptura del compromiso en sistemas de alta
tecnología cuyos rasgos principales son: 1) gestión de procesos dinámicos, 2)
están controlados por individuos –control humano-, 3) conllevan riesgos – de
accidentes y de equivocación-, 4) las unidades son interdependientes y
conforman un gran sistema técnico. En este enfoque se considera que el error se
produce por la pérdida de control del compromiso cognitivo al tener que
enfrentarse a riesgos constantes. Este modelo tiene dos niveles: el de la
comprensión/acción y el de control. El primero consiste en construir una
representación de la situación anticipadamente y reactualizarla correctamente
al contexto disponible mientras que el segundo incluye los diversos mecanismos
de defensa existentes - conocimientos, experiencia y confianza- que permiten
aceptar los riesgos. El autor ejemplifica el modelo a través del caso del
Airbus de Toulouse cuando una tripulación invirtió 11 minutos en advertir que
el tren de aterrizaje no se levantaba. Los indicadores eran claros, el avión
era inestable y no aumentaba su velocidad. Sin embargo, un contexto inicial
propiciado por conocer respecto de las dificultades del copiloto desde el
comienzo de su formación en el manejo de ese avión obstaculizaba la comprensión.
De esta forma la construcción de la representación de la situación o la no
reactualización en forma correcta impedía pasar al nivel de control de la
situación.
A modo de
síntesis
Las organizaciones de alta confiabilidad se constituyen en un
interesante objeto de estudio para Latinoamérica y particularmente para nuestro
país. Si bien existen estudios anglosajones que se han dedicado extensa,
teórica y empíricamente al estudio de las características de este tipo de
organizaciones, en Argentina este es incipiente. Los acontecimientos riesgosos
se han hecho evidentes en nuestro país: Cromagnon, Lapa y los últimos
accidentes ferroviarios en las líneas metropolitanas dan cuenta de la necesidad
de responder a estos sucesos desde la teoría de la organización con estudios
que nos permitan comprender y formular propuestas a una fenómeno relevante y de
elevado y renovado interés para la opinión pública.
La TAN y la teoría HRO
traen aportes para avanzar en la caracterización de diversas organizaciones
como sistemas de alto riesgo y las particularidades que podrían advertirse en
nuestra localización especifica. Asimismo, de qué manera estas características
se constituyen en vulnerabilidades organizacionales y de qué manera son o
podrían ser sorteadas por las capacidades individuales, grupales y
organizacionales. Indagar en profundidad respecto de la construcción de la
confiabilidad en las organizaciones riesgosas en Argentina constituye una
invitación a investigadores y un desafío a enfrentar en trabajos futuros
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[1] En nuestro país tanto el modelo taylorista como los
nuevos estilos de gestión se adoptaron con posterioridad a los países
denominados centrales. Por otro parte, esto no significa que países como
Argentina tengan el monopolio del modelo taylorista ya que en los países
desarrollados el mismo paradigma tiene plena vigencia.
[2] El accidente de SEVESO (Italia) en una planta química
fue el disparador años más tarde de las medidas de seguridad desarrolladas para
las plantas industriales que utilizan elementos peligrosos, adoptadas por la
Comunidad Europea.