REVISTA
DE ADENAG
ISSN
1853-7367
Ejemplar N°1 – 2011
ADMINISTRACIÓN SUSTENTABLE,
CLAVE DEL DESARROLLO REGIONAL
SUSTAINABLE MANAGEMENT, KEY TO REGIONAL DEVELOPMENT
Patricia Kent kentpatricia@gmail.com
Universidad Nacional de la Patagonia SJB
Ensayo
Introducción
Todos
reconocemos hoy, que las acciones de las organizaciones tienen un efecto
decisivo sobre el escenario social, que las convierte en agentes de cambio y
fuentes de poder. El destino de la organización desde su individualidad, está
indisolublemente unido al destino de la sociedad que la contiene y entre ambas
se produce una relación dual, biunívoca, de mutua influencia.
A
partir del auge de los movimientos sociales de la década del '60 cobró
intensidad la vinculación entre las acciones de las organizaciones y las
cuestiones sociales, aceptándose hoy en forma generalizada que, si determinadas
acciones benefician a la sociedad, también lo hacen con las organizaciones, lo
cual revaloriza el rol organizacional en el espectro social. Cada vez con mayor
frecuencia, se presenta en las organizaciones la necesidad de tomar decisiones
que incluyen las dimensiones de la responsabilidad social.
Comprendiendo
que las organizaciones forman parte ineludible de la realidad social, no
podemos dejar de establecer en la planificación organizacional, objetivos de
índole social, dado que el compromiso de lograrlos, surge de la esencia de la
relación sociedad - organización, dando origen a la responsabilidad social de
las organizaciones. Los objetivos sociales se plantean en términos de búsqueda
de satisfacción de un conjunto de necesidades como alimentación sana, vivienda
digna, vestimenta adecuada, protección de la salud, posibilidades de trabajo
genuino, acceso a la educación, a la seguridad, a la justicia, a los servicios
de infraestructura básica (agua, energía, calefacción), protección contra la
contaminación ambiental, etc. que refieren en su conjunto a necesidades
ambientales, económicas y sociales.
Al
pensar en responsabilidad social, la percibimos como un atributo inherente a la
existencia misma de la organización y casi intuitivamente la asociamos con
conceptos como solidaridad, equidad, valores, moral, ética, etc. En particular,
a la ética como conjunto de principios que definen las buenas o malas
conductas, vinculada con la esencia de las relaciones personales, con el deber
ser; y para darle sentido al concepto en el marco de estas reflexiones, nos
referimos a la ética en los términos expresados por Albert Eisntein cuando
afirma que “La relatividad se usa en la física, no en la
ética”; en el mismo sentido que el filósofo alemán Immanuel Kant afirmaba “En términos legales, un hombre es culpable cuando viola los
derechos de otros, en términos éticos, lo es sólo con que piense hacerlo”.
El
Consejo Empresario Argentino para el Desarrollo Sustentable – CEADS, define responsabilidad
social afirmando que se trata del “compromiso de la empresa de contribuir al desarrollo sostenible, con la
participación de sus grupos de interés, a fin de mejorar la calidad de vida de
la sociedad en su conjunto".
Es
importante hacer una distinción entre responsabilidad social interna y externa,
vinculándolas con los integrantes de la organización y los miembros de la
comunidad, respectivamente; ya que tiene implicancias en ambos sentidos, es
decir, comprender que la misma alcanza a la totalidad de las relaciones y
acciones de una organización.
Ejercer la responsabilidad social en las organizaciones
requiere básicamente una administración con contenido social, a la que
denominamos gerencia social y sobre la que el Dr. Bernardo Kliksberg sostiene
que es en realidad la gerencia útil para nuestro tiempo, para nuestra época,
porque ya no es posible “gestionar en soledad”, “de las puertas para adentro”.
Gerenciar organizaciones hoy, implica formar parte de un conjunto de redes de
relaciones que permitan un contacto vivo y directo con la realidad; que
contribuyan al logro de los fines de la comunidad, colaborando con su
desarrollo y mejorando su calidad de vida.
Las organizaciones cuentan con
mecanismos que les permiten formalizar y medir el cumplimiento
de sus políticas de responsabilidad social, entre ellos: los códigos de
convivencia; los comités y tribunales de ética; los programas de capacitación y
concientización éticas; las auditorias sociales; los balances sociales; las
guías internacionales de implementación de responsabilidad social como los principios del Pacto Global, los del Foro Social
Mundial o los de la Organización Internacional del Trabajo - OIT; la normativa
internacional sobre responsabilidad social como la ISO 26000, las OSHAS 18000 o la norma argentina IRAM
3800 sobre seguridad y salud
ocupacional, así como también distintos indicadores de responsabilidad social,
como por ejemplo el índice de desempeño social, que presentamos en alguna de
nuestras publicaciones. Es decir que hoy, no podemos esgrimir la excusa de “no
saber” como implementar en las organizaciones, mecanismos que nos faciliten
asumir nuestra responsabilidad social.
Entre las múltiples facetas de la responsabilidad
social, nos referiremos en particular,
a las vinculadas con nuestro compromiso ambiental.
Responsabilidad
Social Sustentable
Debemos
aceptar que la cuestión ambiental da lugar a serios cuestionamientos éticos y a
graves problemas sociales, asumiendo nuestra obligación moral de preservar el
entorno natural. Junto a la problemática ambiental aparece una problemática
social sin resolver; la pobreza y el crecimiento de la población han sido
señaladas como las principales causas de degradación global, ambas empeoran los
problemas sociales y ambientales. Ya en su Informe Nuestro Futuro Común, de 1987,
la Organización de Naciones Unidas – ONU, señalaba “Un mundo donde la pobreza
es endémica será siempre propenso a sufrir una catástrofe ecológica”. Mientras
que el filósofo argentino Enrique Dussel, sostenía a fines de los años `90: “La
filosofía en el SXXI, deberá centrarse en el problema ético de la sobre
vivencia ecológica de la humanidad. Ecología y pobreza serán los grandes
problemas del siglo XXI”.
La
legítima aspiración por habitar un ambiente limpio donde sea posible
desarrollar nuestras potencialidades, nos conduce a un cambio de percepción y
dejamos de sentirnos espectadores para instalarnos en un nuevo escenario basado
en un concepto integral de calidad de vida que incorpora las cuestiones
sociales y ambientales. Es preciso admitir que el deber de las organizaciones
ya no se limita sólo a no contaminar o a cumplir con las disposiciones vigentes
debido a que estamos transitando hacia una transformación social, económica,
cultural, ambiental, científica y tecnológica; cuyo eje central es la
sustentabilidad.
La
situación ambiental genera una demanda social que nos enfrenta con el desafío
de producir modificaciones en los comportamientos, las actitudes, el modo de
vida, generando un profundo cambio socio cultural centrado en la
sustentabilidad, que incorpore la responsabilidad individual y colectiva, hacia
el cuidado y protección del medio ambiente, como pilar de la responsabilidad
social. Ese profundo cambio socio cultural nos llevará a asumir nuestra responsabilidad
social sustentable, que definimos como “el segmento de la responsabilidad
social, vinculado con actividades que
generan impactos en el medio ambiente y dan lugar a decisiones sobre la
calidad y seguridad de los productos, los procesos, los servicios y los
stakeholders”.
Desarrollo
Sustentable
El
antiguo conflicto entre los enfoques económico y ecológico con relación al abordaje
del desarrollo como precio de la contaminación, tiende a ser superado a efectos
de satisfacer los requerimientos vinculados con la genuina aspiración a una
mejor calidad de vida. La limitación ha dejado de ser el capital económico para
centrarse en el capital natural, del cual dependerán las posibilidades del ser
humano para desarrollar sus potencialidades.
Las
señales de advertencia de la naturaleza determinan que la noción del desarrollo
tal como se la concebía, resulte inaceptable en la actualidad y en este
sentido, sobresale el trabajo realizado desde la Organización de las Naciones
Unidas – ONU - a favor de la sustentabilidad en términos de ambiente y
desarrollo, a partir de la integración de los tres tipos de capital: social,
ambiental y económico. La década del '80 instaló en la sociedad la noción de
Desarrollo Sustentable como “el proceso tendiente a satisfacer las necesidades del
presente, sin comprometer a las futuras generaciones”, en
los términos expresados en el informe Nuestro Futuro Común de la Organización
de las Naciones Unidas.
El
Desarrollo Sustentable propone combinar los objetivos de protección ambiental
con los de desarrollo económico y alcanzar las metas de crecimiento y
productividad sin destrucción de los ecosistemas. Desarrollo Sustentable no
significa No Desarrollo ya que, en un mundo en el cual millones de personas
permanecen en la más degradante pobreza, esta posición resultaría inadmisible;
pero es preciso advertir que resulta imposible propiciar el desarrollo sin
contar con un enfoque económico acorde, que lo acompañe y sostenga.
La
nueva concepción induce a un desarrollo socialmente justo, económicamente
viable y ecológicamente aceptable; propiciando crecimiento sin destrucción
ambiental y proponiendo seriamente vivir de los intereses y no del capital; con
una estrategia de centrada en las personas, favoreciendo la productividad y el
crecimiento sin destruir el entorno; contando con el reconocimiento de la
sociedad y basado en principios de equidad intergeneracional, en cuanto propone
otorgar a las próximas generaciones, la posibilidad de acceder a un patrimonio
natural equivalente al de sus antecesores. Desarrollo Sustentable conjuga
desarrollo social, protección ambiental y crecimiento económico.
Desarrollo
Regional
Entendiendo por desarrollo regional, “el proceso que
promueve el crecimiento económico con impacto social, para mejorar las
condiciones de vida de la gente del lugar”, se destaca su fortaleza como
cuestión cultural y de identidad propia, por lo que requiere un fuerte
compromiso de la población. Al referirnos a la propia identidad, pensemos que el
desarrollo regional tiene como protagonista a la persona, fortalece sus
capacidades a través de las distintas formas de organización y promueve la
solidaridad, mediante la articulación de las diferentes instituciones del
gobierno, la sociedad civil y el sector privado, respetando la territorialidad,
la idiosincrasia y la identidad de cada región.
Pensar
en nuestra identidad nos propone remitirnos a nuestros orígenes, a nuestro
pasado, pero no para quedarnos en la historia, sino para poder proyectarnos con
la fuerza que brinda el reconocimiento de nuestro ser. La clave está justamente
en ese necesario “re-conocimiento”
que implica aceptación de nuestras raíces y, como se dice desde la economía
política, esto suena muy parecido a tomar conciencia. Ser conscientes de
nuestra realidad, producto de nuestra cuna, nos permitirá, tal como lo hace la
literatura, crear una imagen, para lograr bosquejar un camino con perspectivas de
desarrollo, es decir, como se sostiene desde la antropología social, apoyarse en el pasado para proyectar
esa imagen hacia el futuro porque, en definitiva, las raíces de la identidad
hay que buscarlas en el destino histórico que se pretende construir.
Amartya Sen, premio Nóbel de
Economía 1998, sostiene: que “el desarrollo puede ser visto
como un proceso de expansión de las libertades reales de las que disfruta la
gente” y afirma también que “el
bienestar y la libertad de los seres humanos constituyen el fin último de la
teoría económica... el éxito del desarrollo finalmente depende de la capacidad
de la gente para actuar libremente... el proceso de desarrollo requiere remover
los principales obstáculos que impiden la libertad”.
Las políticas sociales orientadas a promover el desarrollo
humano tendrán como protagonistas a las personas y la familia, fortaleciendo
sus capacidades (capital humano) y las redes sociales en las que participan a
través de las distintas formas de organización (capital social), así como
también, promoviendo la solidaridad como eje central de estas nuevas
costumbres, valores, tradiciones, etc.
El capital social ha sido definido
por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe – CEPAL, como “el conjunto
de relaciones sociales basadas en la confianza y los comportamientos de
cooperación y reciprocidad”. Hoy la
sociedad ha comenzado a poner su mirada en la construcción del capital social,
focalizando en las vinculaciones entre organizaciones que actúan en la esfera
de la producción, la distribución y el consumo de bienes y servicios, con el
objetivo de promover alternativas sustentables de trabajo y de generación de
ingresos; comprendiendo que su fortalecimiento resulta indispensable para la
sustentabilidad de emprendimientos asociativos, en el marco de una gestión conjunta
entre el Estado y las organizaciones de la sociedad civil.
Impulsar
el desarrollo regional implica consolidar los vínculos entre las organizaciones
del gobierno, del sector privado y de la sociedad civil, integrar el capital
social y el capital económico; aplicar recursos para promover la salud, mejorar
la calidad de la educación, estimular la participación, fomentar las
expresiones culturales autóctonas, propiciar el voluntariado y respetar el
medio ambiente, entendiendo todo esto no como un gasto, sino como una inversión
con alta tasa de retorno y un significativo efecto multiplicador. La
cooperación entre el Estado y la comunidad es esencial para concretar una
cultura del trabajo, pero ésta se adquiere trabajando.
Es importante enfocar al desarrollo regional como un
proceso ascendente es decir, definido de abajo hacia arriba, de lo particular a
lo general, partiendo de determinar qué podemos y qué queremos hacer en un
determinado territorio, con que recursos contamos, etc., identificando
claramente la voluntad política y la capacidad técnica para llevarlo adelante;
los participantes (agentes de desarrollo, agentes económicos y actores sociales
- estados, empresas, comercios, organizaciones de base, entidades intermedias,
etc.-); y los tipos de políticas existentes en el territorio (de asistencia, de
promoción, de desarrollo etc.).
Desarrollo Regional Sustentable
Definiendo
Desarrollo Regional Sustentable, como “el proceso participativo tendiente a
impulsar el desarrollo de la comunidad, desde
la comunidad, sin afectar la capacidad de desarrollo económico, social y
ambiental de las futuras generaciones”, podríamos proponer una estrategia de
desarrollo regional sustentable
en los siguientes términos: “promover la integración social partiendo de incentivar proyectos productivos sociales y
apoyar los lazos comunitarios, fortaleciendo procesos asociativos e
interinstitucionales, impulsando el desarrollo regional desde el respeto por la
identidad y la dinámica del sitio”.
Entre
los aspectos a considerar en el diseño de programas de desarrollo regional debemos mencionar la
definición de la escala (Argentina, por ejemplo, tiene más de dos mil
municipios, que oscilan entre los noventa y un millón y medio de habitantes); los
circuitos económicos predominantes en el territorio (economía formal, informal,
de subsistencia, solidaria, etc.); y los modelos de gestión imperantes. Es en
este último aspecto, la definición de los modelos de gestión para el desarrollo
regional, donde aparece claramente la relación entre desarrollo regional y sustentabilidad.
Conclusión
El
Prof. Jorge Etkin afirma que “no resulta apropiado
pensar en el mercado como construcción humana social, bajo los términos de las
leyes naturales de supervivencia del más fuerte, si no se contempla la destrucción
del medio ambiente y otras catástrofes características de nuestra época; es
necesario replantearse seriamente los modelos de gestión gerencial”.
Mientras
que el Dr. Peter Drucker nos hablaba, hace ya varios años, de la ecología social y la visión ecológica en el campo
del management.
Creemos que para lograr un
verdadero desarrollo regional es preciso que dejemos de “mirar sin Ver”, lo que pasa a nuestro alrededor; es necesario que
incorporemos la visión ecológica de nuestra realidad, comenzando a producir
en nosotros el profundo cambio cultural que la realidad nos impone.
El desafío que se plantea hoy a la
Administración consiste en “el
diseño de modelos de gestión para un Desarrollo Regional Sustentable, con visión
ecológica, como forma de asumir la ineludible Responsabilidad Social
Sustentable de las organizaciones”.
Bibliografía de
consulta
Kent, P. (1999) La gestión ambiental en
la empresa. Editorial Buyatti.
Vicente, M. A. (comp.) (2008) Principios
fundamentales para la administración de organizaciones. Editorial Pearson.