REVISTA DE ADENAG
ISSN 1853-7367
Ejemplar N° 10 – 2020
EMERGENCIA ALIMENTARIA Y APRENDIZAJE
EN GESTIÓN DE LOS COMEDORES QUE ARTICULAN CON EL BANCO ALIMENTARIO DE LA PLATA
FOOD
EMERGENCY AND LEARNING IN THE MANAGEMENT OF DINING ROOMS THAT ARTICULATE WITH THE
FOOD BANK OF LA PLATA
Manuela Alconada manuela.alconada@econo.unlp.edu.ar
Adriana Fassio adriana.fassio@econo.unlp.edu.ar
Liliana Galán lgalan@econo.unlp.edu.ar
Carla Maroscia
carla.maroscia@econo.unlp.edu.ar
María Gabriela Rutty
gabriela.rutty@econo.unlp.edu.ar
María Laura Zaidman laura.zaidman@econo.unlp.edu.ar
Facultad de Ciencias Económicas. Universidad
Nacional de La Plata
Artículo científico
Resumen
El presente trabajo abordará los
primeros avances de una investigación por el Instituto de Investigaciones
Administrativas (IIA) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad
Nacional de La Plata, sobre la Innovación y generación de conocimiento en redes
organizacionales, tomando como caso de estudio al Banco Alimentario de La Plata
(BALP).
El objetivo de esta investigación es
lograr identificar los aprendizajes organizacionales, reconocidos por las
organizaciones sociales vinculadas al Banco Alimentario de La Plata objeto de
estudio, a partir de su participación en la red.
La metodología propuesta es de un
estudio de caso mixto transversal no experimental. Se trata de un estudio de
caso múltiple incrustado, que busca indagar sobre los aprendizajes organizacionales
de las organizaciones que se vinculan con el BALP (comedores/merenderos). A
partir del relevamiento realizado con los datos provistos por el BALP se
conformó una tipología de organizaciones. A partir de ella se realizó una
muestra teórica de 12 comedores y merenderos de la ciudad de La Plata y zona de
influencia.
En esta ponencia se pretende dar lugar
al abordaje teórico utilizado en la investigación, la identificación y
descripción del objeto de estudio (BALP), teniendo en cuenta el contexto actual
de pandemia y su impacto en las OSC.
This work will
address the first advances of an investigation by the Institute of
Administrative Research (IIA) of the Faculty of Economic Sciences of the
National University of La Plata, on Innovation and generation of knowledge in
organizational networks, taking as a case study La Plata Food Bank (BALP).
The objective
of this research is to identify the organizational learning, recognized by the
social organizations linked to the Banco Alimentario
de La Plata under study, based on their participation in the network.
The proposed
methodology is from a non-experimental cross-sectional case study. This is an
embedded multiple case study, which seeks to inquire about the organizational
learning of the organizations that are linked to the BALP (dining rooms /
picnic areas). From the survey carried out with the data provided by the BALP,
a typology of organizations was formed. From it, a theoretical sample of 12
dining rooms and picnic areas in the city of La Plata and the area of
influence was made.
This
presentation aims to give rise to the theoretical approach used in the
research, identification, and description of the object of study (BALP), taking
into account the current context of the pandemic and its impact on CSOs.
Palabras claves: Aprendizaje
Organizacional. Emergencia Alimentaria. Innovación Social. Redes Organizacionales. OSC.
Keywords:
Organizational Learning. Food Emergency. Social
Innovation. Organizational Networks. OSC.
Introducción
Resulta muy difícil mantenerse ajeno
al contexto actual y su influencia, atento a la pandemia atravesada a nivel
mundial, que en el caso de Argentina nos encuentra en condiciones de
Aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO) desde el 20 de marzo de
este año, las actividades no esenciales se encuentran detenidas. Esto genera
que gran cantidad de la población se vea imposibilitada a salir a trabajar, y
en consecuencia a generar ingresos que le permitan subsistir. Esta condición se
observa más notoriamente en aquellas poblaciones más vulnerables, tanto social
como económicamente. En un artículo recientemente publicado, sobre este asunto,
Rodrigo Salgado (2020) cita a Harvey en lo que refiere a las clases sociales
mediadas por la pandemia: “el progreso de COVID-19 exhibe todas las
características de una pandemia de clase, de género y de raza”. Con esto,
sugiere que nos encontramos con dos grandes grupos, quienes sacrifican su salud
y la posibilidad de contagio teniendo la posibilidad de salir a desarrollar su trabajo
esencial, y quienes no lo tienen, y se encuentran en situación de desempleo con
todo lo que ello conlleva. El informe especial COVID 19 de la CEPAL, (2020)
hace mención a esto mismo: si bien las medidas de aislamiento son necesarias
para evitar la propagación del virus en la población, se están incrementando
las cifras de pérdidas de empleo, y se reducen los ingresos en los hogares (a
nivel Latinoamérica, en el 2020 habría 11,6 millones de desocupados más que en
2019). Por supuesto que esto último, afecta en mayor medida a aquellos estratos
sociales de mayor pobreza y vulnerabilidad. Por ello, afirman en el Informe de
la CEPAL la importancia de “garantizar los ingresos, la seguridad alimentaria y
los servicios básicos a un amplio grupo de personas
cuya situación se ha vuelto extremadamente
vulnerable y que no necesariamente estaban incluidas en los programas sociales
existentes antes de la pandemia.”
Dentro de los trabajos esenciales
determinados por el gobierno mediante el decreto 297/2020, se hallan tanto los
comedores como los merenderos, quienes ven incrementada la cantidad de
asistentes, en una suerte ya no de sitio para comer in situ, sino de expendio
de viandas. Es dable mencionar que la mayoría de este tipo de organizaciones se
financian en parte con aportes del estado en sus distintos niveles, pero
mayoritariamente con aportes de sus voluntarios y de sus propios encargados. De
acuerdo a la situación actual que atravesamos, y al incremento de beneficiarios
que se observan de manera cotidiana, a medida que la situación de ASPO se
continúa prorrogando, y los individuos se vean imposibilitados a salir a
trabajar, estas condiciones se dificultan cada vez más. Desde el gobierno
nacional se han tomado una serie de medidas, que colaboran en disminuir los
efectos colaterales que la cuarentena está generando; entre ellos los relativos
a las poblaciones más vulnerables o en situaciones de informalidad laboral, se
han puesto a su alcance medidas tales como: Programas de asistencia de la
Agencia Nacional de Discapacidad, Programa Clubes en Obra Extensión del
Programa Progresar para alumnos y alumnas de escuelas privadas, Ingreso
Familiar de Emergencia, Programa de Emergencia para garantizar el acceso a
servicios TIC para habitantes de barrios populares en el marco de la pandemia
COVID-19, Congelamiento de tarifas de telefonía fija y móvil, internet y TV
paga, entre otras.
En este marco, abordar como objeto de
estudio de investigación al Banco alimentos de La Plata, surge significativo,
teniendo en cuenta la coyuntura descripta y el impacto de esta organización a
través del trabajo en red con las OSC que abastece, toda vez que
durante 2019, el BALP distribuyó 1.717.031kg de platos de alimentos;
beneficiando a 161 organizaciones, con un total alcanzado de 20.400 beneficiarios.
Se planteó como objetivo general de
investigación identificar los aprendizajes organizacionales reconocidos por las
organizaciones sociales vinculadas al Banco Alimentario de La Plata objeto de
estudio, a partir de su participación en la red del BALP. Y como objetivos
específicos: describir las características de la red del BALP y de las
organizaciones intervinientes; reconocer los facilitadores y obstáculos
relacionados con la implementación de servicios de distribución de alimentos en
la red; identificar los conocimientos incorporados por las organizaciones
objeto de estudio a partir de la inclusión en la red del BALP; identificar las
redes organizacionales que se conforman a partir de la alianza entre las
organizaciones objeto de estudio con otras organizaciones.
Contexto y
emergencia alimentaria
De acuerdo al Informe reciente de la
CEPAL “El desafío social en tiempos del COVID-19” (2020), en Latinoamérica los
niveles de pobreza se incrementarían en 4,4% durante este año (más de 28,7
millones de personas que el año anterior); dentro de las cuales, aquellas
personas en situación de pobreza extrema aumentarían en un 2,6%, llegando a
afectar a 83,4 millones de personas. Destacan también que este incremento
debido a la situación actual, perjudica el alcance del Objetivo de Desarrollo
Sostenible 1 (poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo en
2030). Este incremento de la pobreza y de la pobreza extrema, generará
consecuentemente un deterioro de la posición social en que se encuentren las
personas, con impactos superiores en aquellos que se encuentren en estratos
medios-bajos, viéndose aún más afectados que estratos medios. Entre los efectos
que mencionan en dicho informe, algunos de ellos que resultan relevantes en
cuanto a la población asistente a nuestras OSC objeto de estudio son: escaso o
nulo acceso a seguridad social; incremento de trabajo informal, y de
desocupación producto del ASPO, como veremos más adelante; mujeres en
situaciones de mayor vulnerabilidad; aumento del abandono escolar, y en
consecuencia también en relación al ASPO, esto generará un incremento en la
desnutrición infantil y malnutrición, dada la imposibilidad de acceder a
comedores escolares. Esto último, es uno de los tantos factores que llevan a
que se observe un incremento en el número de asistentes en los comedores y
merenderos comunitarios. La pandemia ha agudizado las dificultades de la población
en lo que respecta a la satisfacción de sus necesidades básicas.
En lo que respecta a datos referidos a
seguridad alimentaria a nivel mundial, de acuerdo con la Organización de las
Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura Argentina (FAO),
1.300.000.000 toneladas de alimentos se tiran en el mundo, sin considerar
desperdicios de agua y energía utilizados para su producción; 750 billones de
dólares son las pérdidas estimadas; y 842.000.000 de personas se van a dormir
con hambre. Es necesario detenerse en definir a qué se considera desperdicio
alimentario. En el informe de la FAO, “Pérdidas y desperdicio de alimentos en
el mundo – Alcance, causas y prevención”, refieren al “desperdicio de
alimentos” citando la definición de Parfitt et al
(2010), como las pérdidas ocurridas al final de la cadena alimentaria (venta
minorista y consumo final), en relación con el comportamiento de los vendedores
minoristas y los consumidores (Pérdidas y desperdicio de alimentos en el mundo
– Alcance, causas y prevención, 2012, p.2). Los “desperdicios alimentarios” son
alimentos inicialmente destinados al consumo y que son desechados o utilizados
de forma alternativa (no alimentaria para el consumo humano) que se originan
durante: 1) la gran distribución y el comercio minorista de los alimentos y 2)
durante la preparación y consumo final posterior –independientemente de la causa
explicativa subyacente real (p. 13).
De acuerdo con las estimaciones de la
FAO, el 6% de estas pérdidas y desperdicios de alimentos totales a nivel
mundial se produce en América Latina. (p.5). Teniendo en cuenta datos provistos
por la Secretaría de Agroindustria, en nuestro país en particular se pierden y
desperdician aproximadamente 16 M de toneladas por año de alimentos aptos para
consumo. Recuperando el 23% de esos alimentos se podría cumplir una de las
metas del ODS nª2 en Argentina. Cabe recordarlo, si bien fue mencionado
anteriormente. En la Plataforma de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN) se
define el Objetivo Hambre Cero; el ODS 2 busca hacer frente a todas las formas
de la malnutrición tanto por déficit como por exceso, con énfasis sobre las
poblaciones más vulnerables bajo la premisa de que nadie quede atrás. En
definitiva, refuerza la idea de desarrollar modelos más sostenibles de
producción y sensibles a una nutrición adecuada que favorezcan la realización
del derecho a la alimentación. Dentro del mismo, se especifican dos metas,
estas son: Meta 2.1) Poner fin al hambre: Según las últimas estimaciones de la
FAO, la subalimentación aumentó en 2016 alcanzando 42.5 millones de personas,
tras varios años de estancamiento, es decir que el 6.6% de la población de
América Latina y el Caribe no cuenta con la cantidad suficiente de alimentos
para llevar una vida sana y activa. Tendencia que, de mantenerse, pone en
riesgo el cumplimiento de la meta de erradicar el hambre y la malnutrición en
2030; lo anterior pone un sentido de urgencia para implementar y redoblar los
esfuerzo para cumplir con los compromisos ratificados por los países de la
región. Meta 2.2.) Poner fin a todas las formas de malnutrición: En la región,
la tendencia de la desnutrición crónica exhibe un comportamiento a la baja
desde 1990 hasta la fecha, desde 24,5%, en 1990 a un 11% en 2016, vale decir
7,9 millones de menores de 5 años han superado la desnutrición crónica en el
período referido. Aún 5,9 millones de niños se encuentran afectados por la
desnutrición crónica.
Continuando con Salgado (2020), hace
mención a la curioso que resulta que los trabajos de
merenderos o comedores comunitarios sean considerados esenciales, al mismo
tiempo que lo son trabajos de operación y mantenimiento de yacimientos
petrolíferos; inclusive cuando las condiciones laborales difieren rotundamente
de un trabajo a otro, incrementando la desigualdad. Se entiende que los
comedores y merenderos comunitarios son fundamentales para gran parte de la
población que gracias a ello accede al menos a una comida diario, supliendo
funciones o actividades donde debiera estar presente el Estado. Tanto las
condiciones de infraestructura y salubridad, como el acceso a los alimentos
para poder garantizar una vianda de comida, se ven afectados desde el inicio de
estas organizaciones que fundamentalmente se nutren de los aportes de sus
propios integrantes y de organismos del estado, que ante la situación actual
han abordado este tema brindando bolsones de comida y donaciones diversas, pero
que resultan escasas para un abordaje correcto de la problemática.
La problemática de la seguridad
alimentaria como derecho humano, en cumplimiento de la propuesta de Naciones
Unidas al Reto del Hambre Cero (OBJETIVO 2 – AGENDA 2030) fomenta la
participación de un amplio conjunto de organizaciones, de movimientos sociales
y de las personas, alrededor de una visión común. Estas promueven estrategias
eficaces, mayores inversiones y más cooperación para el desarrollo, luchan por
alcanzar resultados y por rendir cuentas de sus esfuerzos, particularmente, a
aquellos que sufren de hambre.
La realidad económica, política y
social de América Latina deja vislumbrar lo que Bernardo Kliksberg (2008) ha
denominado deudas sociales o problemas inconclusos que deben ser puestos de
manera inmediata en la agenda de los países de la región: la pobreza, el
hambre, el déficit en educación, la exclusión social y la desigualdad.
Parecería evidente que las respuestas a estas situaciones deben surgir de la
articulación de distintos actores de la sociedad. El Estado debería contribuir
a través del desarrollo de políticas públicas orientadas a la gente, las
empresas con responsabilidad social corporativa aliadas de dichas políticas
públicas, la sociedad civil por medio de su movilización y la Universidad
mediante un serio compromiso con hallar posibles soluciones a estos problemas.
Según los datos publicados por el
INDEC (2019), en el contexto de la crisis económica y social, la pobreza se ha
incrementado en valores absolutos y relativos en los últimos años. El
Aglomerado del Gran La Plata no es ajeno a esta grave problemática: la pobreza
por ingresos en el Gran La Plata alcanza al 21,5% de los hogares y al 30,9% de
la población; en tanto que el 5% de los hogares y el 7,7% de la población se
encuentra bajo la línea de indigencia. Según datos de la UCA, el 20,2% de los
argentinos se encuentran en situación de inseguridad alimentaria.
Según el relevamiento de Sitios de
Distribución de Alimentos en el Gran La Plata (SDA) (UNLP -Consejo Social,
2018) en el 90,5% de los SDA (sobre un total de 116 vinculados a organizaciones
sociales que integran el Consejo Social) la cantidad de asistentes aumentó y
ningún SDA informó disminución en la cantidad de asistentes. Por otro lado, y
como respuesta a las demandas de la población, han crecido de manera
exponencial en los últimos tres años. La mayoría de los SDA cubren la merienda,
y un número considerable brinda más de una comida por día. Un 83,6% de los SDA
atiende a personas de todas las edades, mientras que sólo un 16,4% atiende
solamente a niños/as y adolescentes.
Los SDA reciben fundamentalmente
aportes del Estado y en menor medida donaciones de los vecinos, otras
organizaciones de la sociedad civil, iglesias y comerciantes de la zona. Y en
el 61,2% de los casos los recursos que reciben son sólo alimentos. Respecto de
la calidad nutricional de los alimentos recibidos por los SDA el informe da
cuenta que en la provisión de alimentos tales como carnes, huevos, frutas,
lácteos y verduras son insuficiente.
El
aprendizaje organizacional
Entendemos por aprendizaje
organizacional la producción de un cambio cognitivo y de un cambio de conducta
(Argyris, 1999) que se inserta en la cultura de la organización, que se produce
cuando se detectan y corrigen errores. El aprendizaje organizacional ha sido
caracterizado como una ventaja para las organizaciones en tanto que permite
mejorar su funcionamiento y la eficacia en logro de sus metas al incorporar
nuevos conocimientos para enfrentar y resolver sus problemas.
Para Ruas y Antonello (2003) el aprendizaje organizacional es un
proceso de cambio en el estado del conocimiento, que incluye tanto su
adquisición, diseminación, refinamiento, creación e implementación; como la
habilidad para adquirir información diversa y compartir el entendimiento común,
de forma que ese conocimiento pueda ser explorado y explotado; la habilidad
para desarrollar nuevo conocimiento, y asociar el pasado con actividades
futuras. El fenómeno de aprendizaje organizacional ha sido estudiado desde
distintos abordajes y se ha generado un robusto cuerpo de trabajos. Entre los
últimos aportes se rescatan autores que intentan proponer una visión multiparadigmática e integrar los diversos abordajes
(Antonello & Godoy, 2010).
Asimismo, los desarrollos recientes en
el campo del aprendizaje organizacional avanzan sobre la naturaleza colectiva
del fenómeno (Wenger, 2000; Antonacopoulou,
2006a, 2006b; Gore, 2003). Otro de los asuntos analizados en relación con la
innovación organizacional son las condiciones de aprendizaje y se señala como
prioritario, que las organizaciones puedan identificar estos mecanismos (Gore y
Manzini, 2010; Perlo, 2011) y operar sobre ellos en
un sentido positivo de manera de generar los cambios necesarios para mejorar el
desempeño organizacional. Asimismo, se analizan la construcción de alianzas con
otras organizaciones en el camino de alcanzar nuevos aprendizajes y la mejora
de la organización, por medio del rescate y la incorporación de lo adquirido en
experiencias previas de otras organizaciones (Bustinza, Molina, &
Arias-Aranda, 2010).
La expansión de la producción en
teoría y trabajos empíricos ha generado la aparición de múltiples conceptos
referidos al aprendizaje organizacional provenientes de distintos campos y con
distintos focos y preocupaciones. Estos conceptos dan cuenta de la complejidad
del campo de estudio generado por las distintas miradas, donde incluso algunos
de ellos se superponen, entre ellos mencionamos: aprendizaje organizacional (organizational learning),
organizaciones que aprenden (learning organization), conocimiento organizacional (knowledge organization) y gestión
del conocimiento (knowledge managment),
capacidad dinámica (Dynamic capabilities)
y capacidad de absorción (Dynamic capabilities).
Vera, Crossan
y Appaydin (2011) describen todos estos conceptos con
la intención de hallar relación entre los mismos y la posibilidad de configurar
un abordaje integrador. Los dos primeros abordajes refieren al mismo fenómeno,
pero con enfoques distintos a la línea de trabajo de aprendizaje organizacional
que es más académico y le interesa la descripción del fenómeno, en cambio el
segundo, con una orientación práctica se trata de trabajos más normativos
orientados a indagar qué se debe hacer para generar aprendizaje organizacional.
La línea de conocimiento organizacional y gestión del conocimiento se inicia
con los trabajos de Nonaka, Takeuchi
y Umemoto (1996), y se plantea la confusión entre
estos dos conceptos: en el primero hay una preocupación más descriptiva y en el
segundo se focaliza en gestionar los nuevos conocimientos, con ayuda de las
herramientas informáticas (Fassio y Rutty, 2017).
De acuerdo con el análisis y
descripción que realizan Vera, Crossan y Appaydin (2011) el concepto de Capacidad dinámica fue
introducido por Teece, Pisano y Shuen
en 1997, para ofrecer una perspectiva más dinámica de la visión basada en los
recursos. El valor de un recurso puede cambiar a lo largo del tiempo y por lo
tanto la ventaja competitiva de la organización. El planteo es que la ventaja
de la organización se deriva no del recurso específico sino de la capacidad de
la organización para crear continuamente, integrar y reconfigurar nuevos
recursos. La capacidad dinámica es el proceso por el cual las organizaciones
usan recursos y alcanzan nuevas configuraciones en los recursos. El concepto de
Capacidad de absorción fue introducido por Cohen y Levinthal
en 1989, y es entendido como la capacidad de identificar, asimilar, y explotar
conocimiento proveniente del entorno y la habilidad de reconocer el valor de
información externa, asimilarla y aplicarla a fines comerciales.
Como se puede observar, todos estos
conceptos están relacionados de manera tal que es difícil discernir los límites
entre ambos, evidenciando un estado de superposición entre unos y otros. Al
tratar de encontrar las diferencias se observa que algunos presentan más
desarrollo teórico que otros y que algunos refieren a capacidades, mientras que
otros a resultados y otros a procesos. Podría conjeturarse, quizás de manera
provisoria, que en realidad se trata de distintos aspectos o momentos de un
mismo fenómeno, que finalmente se integrarán en la dimensión más amplia de la
cultura de la organización.
De acuerdo a las investigaciones
realizadas con anterioridad por el equipo (Fassio y Rutty, 2017; Rutty y Fassio 2017) donde se intentó identificar los aprendizajes
organizacionales ocurridos en organizaciones en el marco de la implementación
de una innovación, se observó la ocurrencia de distintas clases de aprendizajes
(saberes técnicos-conocimientos en sentido estricto-, nuevos posicionamientos o
nuevas formas de ver, estratégicas, capacidades -en términos de habilidades,
destrezas-, etc.), pero a su vez se identificaron condiciones que hicieron
posible la ocurrencia e instalación de nuevos aprendizajes organizacionales.
Estas condiciones son elementos visibles de la cultura organizacional o la
forma de ser de la organización, como posibilitadora de la generación de nuevos
aprendizajes.
En síntesis, al referirnos al concepto
de aprendizaje organizacional (en sentido amplio), podemos discriminar hechos o
resultados (los aprendizajes: capacidades, conocimientos, etc.), los procesos,
el recorrido por el cual un conocimiento es generado, compartido y luego
integrado a las prácticas organizacionales, es decir la dimensión dinámica del
fenómeno, y las condiciones que refieren a la cultura como facilitadora del
cambio. Nuestra hipótesis es que la innovación es la ocasión privilegiada para
la generación de nuevo aprendizaje organizacional.
Redes
organizacionales: la articulación organizacional y la incorporación de
conocimiento como recurso para la innovación en las organizaciones.
Dabas (1998) recuerda que los
principios del desarrollo a escala humana se sustentan en tres pilares: la
satisfacción de las necesidades fundamentales, la generación de auto
independencia y la articulación de las personas con la naturaleza y la
tecnología. La participación de las personas es una estrategia de protagonismo
real que implica la toma de decisiones en la práctica que permite sostener
estos tres pilares. Las redes sociales son sistemas abiertos que posibilitan un
intercambio dinámico entre sus integrantes que potencian los recursos que
poseen, así como los diversos aprendizajes que hacen las personas y las
organizaciones se potencian cuando son compartidos en función de la resolución
de los problemas que enfrentan.
El trabajar en red implica estrategias
de auto organización que van acompañadas de procesos de desorganización, lo que
conlleva a aceptar la capacidad de los sistemas para modificar sus estructuras
cuando se producen cambios contextuales. Estos cambios sugieren no sólo la
permanencia de la organización sino también nuevos aprendizajes.
Las redes se definen como un conjunto
seleccionado, persistente y estructurado de organizaciones autónomas que se
vinculan para crear productos o servicios, sobre la base de contratos
implícitos o explícitos (Sulbrandt, 2007). Las redes
se organizan por grupos de organizaciones que pueden pertenecer a distintos
sectores (público-social-privado), generando alianzas con el fin de prestar
ciertos servicios que de otra manera sería muy difícil generar. Se originan
porque cada organización individual tiene un grado significativo de dependencia
de recursos en relación con los otros miembros y todos en conjunto pueden
llevar a término acciones que no podrían hacer individualmente.
Sulbrandt
señala como características principales de las redes: pautas de interacción
definidas en términos de intercambios con cierto grado de permanencia, flujos
de recursos de distinto tipo entre unidades, énfasis en los intercambios
horizontal o lateral, colaboración informal y comunicación recíproca.
La construcción de alianzas con otras
organizaciones en el camino de alcanzar nuevos aprendizajes y la mejora de la
organización, por medio del rescate y la incorporación de lo adquirido en
experiencias previas de otras organizaciones (Bustinza, Molina, &
Arias-Aranda, 2010) ha sido escasamente estudiado en el ámbito local.
Desde esta perspectiva las redes y
alianzas organizacionales suponen espacios de sinergia de aprendizaje e
innovación social en pos de la resolución de la problemática alimentaria.
La innovación es entendida como un
concepto normativo y analítico en la formación y el análisis de soluciones a
los problemas de la exclusión social y desarrollo de nuevas estrategias de
integración social. Se orienta a la producción de bienes y servicios (Moore,
2006), entre otros, relacionados con la producción, asimilación y explotación
de la novedad en los ámbitos económico y social, a fin de satisfacer
necesidades humanas no satisfechas, la incorporación y participación de los
grupos menos favorecidos y el acceso a recursos por parte de dichos grupos. En
este sentido en este trabajo se analizan innovaciones que se instalan en el
Banco Alimentario de La Plata y las organizaciones con la que trabaja en red
(organizaciones de la sociedad civil que reciben los alimentos y empresas que
donan los insumos), como estrategia de trabajo en red en el Gran La Plata.
Los expertos señalan que la innovación
debe orientarse por ciertos principios que hagan posible su puesta en marcha y
no impacte negativamente en la calidad de vida de las personas y en sus derechos.
Es así que las iniciativas llamadas “innovación social responsable” comprenden
tres dimensiones fundamentales: la satisfacción de las necesidades humanas
(dimensión de contenido); cambios en las relaciones sociales, especialmente con
respecto a la gobernanza (dimensión de proceso); y un aumento en la capacidad
socio-política y el acceso a los recursos (dimensión empoderamiento) (Gerometta, Haussermann, &
Longo, 2005; Moulaert &Sekia,
2003; Rodríguez & Cedeño, 2012).
Las organizaciones de la sociedad civil
(OSC), son organizaciones que pueden estar orientadas a la consecución de
diversos fines, se pueden encontrar aquellas de defensa de intereses mutuos, de
base territorial, de asistencia, de investigación, promoción y desarrollo y, de
defensa de derechos. Pero a pesar de la diversidad de cometidos en líneas
generales, las OSC comparten ciertas problemáticas comunes respecto de la
carencia de recursos o discontinuidad de los mismos, profesionalización
incompleta y precariedad institucional, entre otros (Suárez, 1995). Se trata
entonces de la puesta en marcha de innovaciones en organizaciones que se
enfrentan la mayoría de las veces con los límites de recursos escasos y todos
los problemas conexos que esto supone.
Es en este marco que interesa a esta
investigación, explorar los procesos de aprendizaje que se ponen en marcha al
incorporar una innovación social. Se parte de la consideración que muchos de
los aprendizajes organizacionales se generan por la necesidad de dar respuesta
o resolver los problemas que se presentan cuando una organización enfrenta una
nueva tarea (la innovación) (Fassio y Rutty, 2017; Rutty y Fassio, 2017). En el caso de esta investigación se
analizarán los aprendizajes de las organizaciones que constituyen la Red del
Banco alimentario de La Plata, espacios de cogestión, a partir de las demandas
explicitadas por las organizaciones y/o actores de ese territorio en
particular, y la resignificación que hacen.
Metodología
El diseño que se propone es mixto
transversal no experimental. Se trata de un estudio de caso múltiple incrustado
que busca indagar sobre los aprendizajes organizacionales de las organizaciones
que se vinculan con el BALP (tanto organizaciones de la sociedad civil como
empresas donantes).
La macro-localización alcanza el aglomerado
urbano formado alrededor de la Ciudad de La Plata, comúnmente denominado Gran
La Plata, Berisso, Ensenada y Berazategui. Esto se fundamenta en que el Banco
Alimentario de La Plata trabaja con 140 instituciones que retiran alimentos de
todo tipo en la sede de Berisso, y de esta manera colabora para que las mismas
puedan prestar servicios alimentarios en La Plata, Villa Elvira, Berisso, Los
Hornos, Altos de San Lorenzo, San Carlos, Melchor Romero, Gonnet,
Tolosa, Ensenada, Ringuelet, Villa Elisa, City Bell y
Berazategui.
Cabe destacar que el Banco Alimentario
de La Plata tiene convenio con la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP,
por lo cual ya existe un vínculo entre las mismas, además del prestigio, la
seriedad y transparencia con la que trabaja. El banco ha participado de un
proyecto de extensión de la Facultad y muchos estudiantes colaboran como
voluntarios en las campanas del Banco. Por lo cual, se pretende generar un
aporte al conocimiento científico, pero sobre todo una mirada sobre este tipo
de prácticas sociales a fin de detectar las posibilidades de innovación a
través del trabajo en red.
A los efectos de iniciar la
investigación e ir obteniendo datos preliminares, se ha desarrollado un
cuestionario para implementar como trabajo de campo en la materia Sociología
Organizacional de cuarto año, de la carrera Licenciatura en Administración de
la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata.
Dicho cuestionario ha sido utilizado por grupos de alumnos, quienes debieron tomar
contacto con distintas OSC, ya sean comedores o merenderos, que resultan ser
organizaciones beneficiarias del BALP.
Banco
Alimentario La Plata
El Banco Alimentario de La Plata es
una Organización de la Sociedad Civil (OSC), que surge en el año 2000, cuyo
objetivo es la disminución del hambre y de la desnutrición a través del
recupero de alimentos. Han sido socios fundadores de la Red Argentina de Bancos
de Alimentos, en conjunto con 14 Bancos constituidos en el país, 3 en
formación, 2 organizaciones adherentes y 4 iniciativas de Bancos de Alimentos.
La Red Argentina de Bancos de Alimentos es una asociación
civil sin fines de lucro, creada en junio de 2003 para potenciar el trabajo
conjunto y fortalecer las herramientas que cada uno posee, desarrollando
alianzas estratégicas que favorezcan la reducción
del hambre y promuevan la educación nutricional,
contribuyendo a la promoción de la dignidad de cada
ser humano en Argentina (Banco Alimentario La Plata, s.f.). Como se indica en
la web de PDA Argentina, el objetivo de esta Red es gestionar las donaciones de
alimentos para ser entregadas a quienes los necesitan, actuando como
intermediarios entre la industria alimenticia y los comedores e instituciones
que reciben esta ayuda. Al mismo tiempo, aquellas empresas de producción de
alimentos que donan cierto volumen de productos a los Bancos de Alimentos
pueden implementar iniciativas de Responsabilidad Social Empresaria
beneficiándose en términos de prestigio e imagen, al mismo tiempo que pueden
obtener ciertos beneficios tributarios (PDA Argentina, 2016).
La misión del BALP, tal como lo
indican en su sitio de internet, es “disminuir el hambre, la desnutrición y las
malas prácticas alimentarias en la región, mediante el recupero de alimentos,
para ser distribuidos a organizaciones comunitarias que prestan servicio
alimentario a sectores necesitados, desarrollando acciones conjuntas con la
sociedad, basadas en nuestros valores y capacidades.” Mientras que su visión se
orienta hacia encontrar “una sociedad sin hambre, nutrida, con conciencia
socio-ambiental, donde no se desperdicien alimentos aptos para el consumo.”
(Banco Alimentario La Plata, s.f.).
El Banco Alimentario de La Plata nació
gracias a la iniciativa del Dr. Luis María Sisto
quien, luego de conocer en Italia el trabajo de los Bancos de Alimentos,
decidió replicar la idea en nuestra ciudad. Se lleva adelante copiando un
modelo de gestión originario de los Estados Unidos en la década del 60. Durante
sus primeros años, el Banco mantuvo su depósito junto al de Cáritas. Desde
2007, la asociación posee su depósito y oficinas en el predio cedido por la
Dirección de Vialidad de la Provincia de Buenos Aires.
El BALP tiene tres funciones
fundamentales entre las actividades que desarrolla:
El
recupero de alimentos: solicitan donaciones de alimentos
aptos para el consumo, que las empresas no comercialicen debido a excedentes de
producción, errores de envasado, productos que han tenido poco éxito en el
mercado, con fecha corta de vencimiento o no reúnan las especificaciones
técnicas o de calidad que las empresas se imponen. También reciben donaciones
voluntarias de empresas año tras año,
promovido por el lazo de confianza que los une.
Recepción
y clasificación: una vez
recibida la mercadería donada, la clasifican y almacenan en su depósito. Para la transparencia del proceso de la donación y la correcta clasificación
y distribución de la misma, utilizan el sistema
COLSEN, donde registran todos los movimientos de los productos, desde que
llegan al Banco hasta su salida.
Distribución
de los alimentos: la distribución de
los alimentos a las 85 organizaciones comunitarias que trabajan con el Banco,
la realizan mensualmente, a través de un sistema de turnos y cálculo de raciones, para lograr una equitativa distribución de las donaciones. Las organizaciones se
acercan todos los meses a retirar su pedido. Entre estas organizaciones
beneficiarias se hallan hogares de niños, comedores,
copas de leche, parroquias, centros de ayuda y fundaciones; todos ellos
comparten una misma función: dar de comer en el
lugar. Cubren el 30% de las necesidades de alimentos de cada institución que
ingrese en el BALP (BALP, s.f.).
Para lograr ingresar en el circuito
del BALP las instituciones sociales se someten a un proceso de selección, por
parte del Área Social de la organización. Luego de indicársele las formalidades
legales requeridas, le realizan una entrevista a modo de intercambiar
información sobre el funcionamiento del Banco Alimentario y sobre la
organización social en cuestión (días y horarios en que brindan el servicio y
de qué tipo de servicio se trata). Evalúan las características de la institución
y las necesidades de las mismas. Se propone ante la Comisión Directiva, quien
decide sobre la pertinencia de la incorporación de la nueva institución. Una
vez que la institución es aprobada para el ingreso, comienza una tarea de acompañamiento.
Se realizarán visitas se seguimiento a las instituciones por parte del equipo
de voluntarios del área social, previa capacitación del responsable del Área
Social. Dicho acompañamiento es principalmente para reforzar el lazo con el
Banco Alimentario y registrar si hubo algún cambio en la institución (BALP,
s.f.).
Aquellas organizaciones sociales
interesadas en registrarse en el Banco Alimentario, deben cumplir con ciertos
requisitos obligatorios para su ingreso.
Deben contar con personería jurídica o
estar relacionada directamente con una organización que la posea (por ej. si
pertenece a la iglesia católica el aval del párroco, si pertenece a otro culto
el número de registro, y en caso de ser una institución educativa los papeles
de la misma). Las comidas otorgadas a sus beneficiarios deberán ser gratuitas y
sin ninguna clase de condicionamiento, de manera que no se realice discriminación
de ningún tipo. Estas instituciones beneficiarias deberán preferentemente
realizar contribuciones simbólicas al BALP, en contraprestación a los alimentos
recibidos. De esta manera el Banco logra cubrir algunos de los gastos
implicados para su funcionamiento (BALP, s.f.).
En lo que respecta al financiamiento
del Banco, al margen de los alimentos donados por distintas empresas, ya sea
por las condiciones antes mencionadas o de manera voluntaria, cuentan además
con la contribución mensual de sus socios. Cabe mencionar que las donaciones de
empresas no son únicamente de alimentos, sino que varias de ellas aportan otro
tipo de bienes, servicios, maquinarias y equipos, y colaborando con las mejoras
de las condiciones de trabajo. Es importante destacar que el Banco Alimentario
de La Plata recibe, como socio fundador, la colaboración de donantes nacionales
cuyo acompañamiento se logró́ gracias al trabajo de la Red Argentina de Bancos
de Alimentos. En la actualidad también reciben colaboración de donantes internacionales
(BALP, s.f.).
EL BALP ayuda a 161 organizaciones
sociales vinculadas (OSV) de La Plata, Berisso, Ensenada y alrededores:
comedores, copas de leche, merenderos, hogares de niños y ancianos, casas de
día, parroquias, templos y cualquier entidad que brinde un servicio alimentario
a sectores vulnerables de la sociedad. Son más de 20.400 personas de la región
las que concurren en total a dichas organizaciones. El 69% de las personas que
se alimentan en esas organizaciones sociales tienen entre 0 y 12 años (BALP,
s.f.).
|
|
|
|
Zona |
Cantidad |
|
La Plata |
92 |
|
Beriso |
14 |
|
Ensenada |
6 |
|
Almirante
Brown |
1 |
|
Pipinas |
1 |
|
Berazategui |
1 |
Tabla 1: Ubicación
geográfica de las OSC beneficiarias del BALP
Fuente:
http://bancoalimentario.org.ar/destinatarios/
Primeros resultados
De las OSC relevadas durante el 2019,
que en el marco del ASPO y de la contingencia de la pandemia suponen una
situación de mayor gravedad, encontramos que:
Entre las demandas a partir de las
cuales surgen los comedores y merenderos entrevistados, principalmente tiene
relación con la cobertura de necesidades básicas desatendidas por el estado,
tanto en lo que respecta a la alimentación como también a aspectos
psicológicos, vestimenta, educativos, entre otros. En muchos de los merenderos
y comedores comenzaron a surgir con el paso del tiempo, otro tipo de
problemáticas, como la violencia de género, las carencias en materia de salud,
de higiene personal, de limpieza; por mencionar algunas. Procuran conformar
ámbitos de contención y apoyo, sobre todo a los niños en etapas madurativas,
que les permitan avanzar en su etapa de formación educativa. Dan cuenta de
otras problemáticas barriales, como la infraestructura y las condiciones en que
viven.
La mayoría de los comedores y
merenderos entrevistados, con el paso del tiempo observaron cómo las
necesidades de sus asistentes eran cada vez mayores, más difíciles de abarcar y
cómo se incrementaría su número. Se requirió pasar en muchos casos de una copa
de leche a ofrecer al menos una comida diaria. En mayor cantidad quienes
acceden a los servicios de estas organizaciones entrevistadas son niños y
adolescentes, sin embargo, en la mayoría de ellas se reciben incluso también
niños, adultos y personas mayores. Dependiendo la organización que se trate se
atienden en promedio 20 familias por día; siendo que algunas de ellas se
dedican especialmente a atención de adolescentes con algún tipo de discapacidad
y atienen a 45 jóvenes, mientras que otras con servicios generales de almuerzo
y cena, llegan a atender hasta 540 personas sin distinción de edad, ni sexo.
Cabe menciona que no todos los
comederos y merenderos brindan el mismo tipo de servicio. La mayoría de ellos
están abiertos toda la semana, incluso algunos de ellos también los días
sábados. Sólo dos de ellos trabajan un único día a la semana. De entre las
comidas ofrecidas, mayoritariamente se brinda merienda, mientras que ya varios
han incorporado el almuerzo, y son muy pocas las que ofrecen desayuno o cena.
Este servicio lo brindan tanto in
situ, como también otorgando viandas para ser consumidas en sus casas. Aunque
en algunos casos, se dan ambas situaciones: servicio de comedor y vianda.
Entre las problemáticas mencionadas,
una de la más reiterada es la deserción de los voluntarios, o la incapacidad de
mantenerlos a bordo, sabiendo que no hay una contraprestación monetaria en
muchos casos. Otro inconveniente es la dificultad para afrontar el crecimiento
de asistentes y sus necesidades, tanto en lo que respecta a la situación
edilicia de las organizaciones, como a los bienes que reciben para poder
cocinar y atender a las necesidades (esta cuestión de que las necesidades vayan
mutando o incrementándose, resulta que necesitan contar con otro tipo de apoyo,
más allá de alimentos).
Respecto a la relación entre organizaciones:
de los doce comedores y merenderos entrevistados, sólo dos de ellos dicen no
tener relación con otras organizaciones (comedores/organizaciones de la
sociedad civil/ universidad/ consejos profesionales/ empresas, etc.). Una de
ellas es un centro de contención a niños con discapacidades; la otra es un
comedor que casualmente no cuenta con personería jurídica. De entre las demás
que respondieron afirmativamente, algunas de las organizaciones mencionadas con
las cuales interactúan son: PENUT; FINES y otras copas de leche; BALP;
municipalidad; clubes deportivos, centros de día, obras sociales, comedores,
facultades de la UNLP, Ministerio de Salud, Cáritas.
Principalmente, se destaca de esta
interacción entre organizaciones la
posibilidad de ayudarse entre sí,
cuando intercambian con otras copas de leches o comedores; para cubrir
necesidades que con la ayuda de los voluntarios no se puede; relaciones
recíprocas de voluntariado (por ej con el BALP); para
el acceso a mayores recursos y posibilidades, dada la incapacidad de generación
de ingresos de las mismas OSC. Se destaca como respuesta más completa: “para
ayudarse entre sí, conseguir asesoramiento, integración y coordinación de
actividades conjuntas con otras organizaciones, para financiarse”.
De los insumos que reciben de estas
organizaciones con las cuales interactúan, lo más mencionado es alimentos,
capacitaciones, dinero. Sólo algunas de ellas mencionan dar algo a cambio,
refiriéndose principalmente al intercambio de alimentos, y en algunos casos se refieren
a la realización de actividades recreativas conjuntas. Justamente esto último
es lo que resaltan como beneficios de interactuar con otras organizaciones, la
ayuda mutua, la cuestión social involucrada en relacionarse, lograr mayor
reconocimiento. En cuanto a las dificultades de relacionarse con otras
organizaciones, la mayoría de los respondientes dicen no encontrar ninguna,
salvo que mencionan que estas relaciones suelen ser informales, y cuesta
mantenerlas en el tiempo.
A modo de
cierre
La investigación en desarrollo
orientada a incursionar en la innovación social posible a través del
aprendizaje en organizaciones que trabajan en red con el Banco Alimentario de
La Plata, interpela las problemáticas del hambre y la emergencia alimentaria,
temas candentes en la coyuntura actual.
La Red de Bancos alimentarios, a la
cual pertenece el BALP, para potenciar el trabajo conjunto y fortalecer las
herramientas que cada uno posee, desarrolla alianzas estratégicas que
favorezcan la reducción del hambre y promuevan la educación nutricional,
contribuyendo a la promoción de la dignidad de cada ser humano en Argentina.
Sería deseable que esto sucediera también en la red que constituye el BALP con
los comedores y merenderos con quienes se vincula a través de la distribución
de los alimentos. Entonces, el fortalecimiento de cada una de las
organizaciones es posible si se dan las condiciones para el aprendizaje,
corrección de errores y generación de innovación en los procesos, capacidades y
resultados. Cabe entonces recordar que trabajar en red implica estrategias de
auto organización que van acompañadas de procesos de desorganización, lo que
conlleva a aceptar la capacidad de los sistemas para modificar sus estructuras
cuando se producen cambios contextuales. Estos cambios sugieren no sólo la
permanencia de la organización sino también nuevos aprendizajes
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