REVISTA
DE ADENAG
ISSN
1853-7367
Ejemplar N° 13 – 2023
INERCIA Y CAMBIO ORGANIZACIONAL EN
TIEMPOS POST-PANDÉMICOS
INERTIA
AND ORGANIZATIONAL CHANGE IN POST-PANDEMIC TIMES
Javier Cantero jcantero@campus.ungs.edu.ar
ORCID: 0000-0002-7872-7563
Universidad Nacional de General Sarmiento
Ensayo
JEL: M000
Resumen
A contracorriente
del mainstream de la teoría
organizacional que postula la omnipresencia benéfica, la linealidad y el ritmo
creciente del cambio, en el presente ensayo se sostiene la idea de que “inercia
y cambio” constituye una de las relaciones dialógicas constitutivas del proceso
evolutivo organizacional.
Desde el punto de
vista teórico, se abordarán críticamente los issues centrales de la inercia y
el cambio organizacional para, posteriormente, incorporar la perspectiva
diacrónica y la multiplicidad de niveles explicativos (i.e. fenoproducción,
fenoestructuras y genoestructuras).
Así, se visibilizarán las relaciones de figura fondo entre inercia y cambio
organizacional.
Por su parte, la
distinción entre organizaciones de alta eficiencia (i.e. HEOs)
y organizaciones de alta confiabilidad (i.e. HROs)
brindará un correlato empírico a la hipótesis central defendida en el presente
trabajo ya que pondrá en evidencia el desplazamiento pendular, de un tipo
organizacional a otro, a lo largo del tiempo.
Oponerse críticamente a la ortodoxia del pensamiento managerial promotora del cambio organizacional como palanca
exclusiva del proceso evolutivo de las organizaciones es tanto un imperativo
categórico para quienes enriquecen el corpus epistémico de las ciencias de la
gestión, así como una evidencia empírica, observable a través de la praxis
organizacional y el devenir contextual.
Palabras Clave: Cambio organizacional. Inercia organizacional.
Resiliencia organizacional. COVID-19.
Abstract
Contrary to the mainstream of organization theory that postulates the
beneficial omnipresence, linearity and the growing pace of change, the present
essay supports the idea that "inertia and change" constitutes one of
the constitutive dialogical relations of the organizational evolutionary
process.
From the theoretical point of view, the central issues of inertia and
organizational change will be critically addressed and subsequently
incorporated the diachronic perspective and the multiplicity of explanatory
levels (i.e., phenoproduction, phenostructures
and genostructures). Thus, the relationships between
inertia and organizational change will be visible.
For its part, the distinction between high-efficiency organizations (i.e.,
HEOs) and high-reliability organizations (i.e., HROs) will provide an empirical
correlation to the central hypothesis defended in the present work since it
will show the pendular displacement, from one organizational type to another,
over time.
Critical opposition to the orthodoxy of managerial thought promoting
organizational change as an exclusive lever of the evolutionary process of
organizations is both a categorical imperative for those who enrich the
epistemic corpus of management sciences, as well as empirical evidence, observable
through organizational praxis and contextual becoming.
Keywords:
Organizational change. Organizational inertia. Organizational resilience. COVID-19.
1.
Introducción
Inercia y cambio constituye una de las principales relaciones
dialógicas en las organizaciones. Ambos fenómenos resultan de factores internos
como externos vis-à-vis el universo
organizacional. En contextos catastróficos (v.g. pandémicos), la tensión entre
inercia y cambio se exacerba e impacta en la teleología organizacional así como
también en los dominios de las relaciones y de las capacidades (Etkin & Schvarstein, 1995).
El presente trabajo apunta a identificar y analizar la naturaleza
dialógica de la inercia y el cambio en las organizaciones desde una perspectiva
teórica sin prescindir de evidencia empírica de las organizaciones argentinas,
a partir del advenimiento de la pandemia de Covid-19. En ese sentido, se podrá
constatar la vigencia de la noción de relación dialógica inercia-cambio.
A partir de la
construcción de un marco teórico ecléctico, se abordarán críticamente los issues centrales
de la inercia y el cambio organizacional para, posteriormente, incorporar la
perspectiva diacrónica y la multiplicidad de niveles explicativos (i.e. fenoproducción, fenoestructuras y
genoestructuras). Así, se visibilizarán las
relaciones de figura fondo entre inercia y cambio organizacional.
Por su parte, la distinción entre organizaciones de alta eficiencia (i.e. HEOs) y organizaciones de alta confiabilidad (i.e. HROs) brindará un correlato empírico a la hipótesis central
defendida en el presente trabajo ya que pondrá en evidencia el desplazamiento
pendular, de un tipo organizacional a otro, a lo largo del tiempo.
En última instancia, el presente ensayo pretende echar por tierra
la idée recuée acerca
del cambio permanente en las organizaciones. No sólo la naturaleza dialógica,
con su polo opuesto (i.e. la inercia), sino la concomitancia de ambos fenómenos
en los múltiples niveles organizacionales (i.e. fenoproducción,
fenoestructura y genoestructura)
y la reconsideración del fenómeno de la “resistencia al cambio” constituyen los
aportes principales que ofrece el presente trabajo. Adicionalmente, se plantea
una serie de elementos para la discusión que abre debates y líneas reflexivas
exploratorias que ameritan futuros trabajos de investigación.
Oponerse críticamente a la ortodoxia del pensamiento managerial que postula el cambio organizacional como el
motor exclusivo del proceso evolutivo de las organizaciones es tanto un
imperativo categórico para quienes enriquecen el corpus epistémico de las
ciencias de la gestión, así como una evidencia empírica, observable a través de
la praxis organizacional y el devenir contextual.
2.
Marco teórico
Abordar la dinámica “inercia y cambio” en las organizaciones exige
la construcción de un marco teórico ecléctico o multi-perspectiva,
que fusione los aportes teóricos del cambio organizacional, en tanto que campo
de estudio, con el enfoque de la complejidad (Morin, 2005; Etkin
& Schvarstein, 1995) a través de la noción de
relaciones dialógicas, el herramental de la planificación estratégica
situacional (Matus, 1985) para observar la potencial convivencia entre inercia
y cambio; la teoría de la alta confiabilidad (Weick
& Sutcliffe, 2007) y la noción de resiliencia
organizacional (Hollnagel et al., 2006).
Inercia y
cambio organizacional
Cambio es una de las palabras más utilizadas en el universo
político y organizacional durante las últimas décadas. En efecto, resulta
excepcional encontrar alguna campaña electoral o algún representante político
que prescinda de la noción de cambio en sus propuestas aun cuando en su praxis política se constate un anclaje
en el statu quo o se utilice una
estrategia gatopardista. Algo similar sucede en el
universo de las organizaciones.
El fenómeno del cambio tuvo su correlato teórico a través del desarrollo
del campo de estudio denominado cambio organizacional (Buchanan & Bryman, 2009). En una primera etapa, la dinámica
del cambio se centró en los contextos, dando lugar a una profusa
caracterización en la que se destacaban rasgos como: turbulentos, cambiantes,
dinámicos, hostiles, inciertos. A partir de esas caracterizaciones, las
organizaciones debían adaptarse y responder reactiva y resilientemente
a los imperativos contextuales. A partir de allí se dearrolla
toda una corriente teórica y bibliográfica organizacional de adaptación al
contexto y a los imperativos categóricos de cambio para las organizaciones y lxs CEOs.
En los años 1990 el dinamismo de los contextos estaba signado por
los procesos de globalización, la nueva economía, el fin de la guerra fría y el
“triunfo de la economía de mercado” a nivel planetario. La consigna para toda
organización y/o empresa consistía en adaptarse al contexto cambiante
incorporando modelos de gestión por objetivos, flexibles y generadores de
ventajas competitivas. Para tal fin se desarrollaron innumerables herramientas
de gestión como la organización en red, el outsourcing,
downsizing,
resizing,
reingeniería, TQM, M&A, empowerment, entre otras.
Posteriormente, los análisis hicieron foco en las organizaciones. Desde las Ciencias de la Gestión o la Administración se
puede comprender la dinámica entre las organizaciones y el contexto cambiante,
al menos desde tres perspectivas. Aquellas posturas del mainstream positivista que consideran que las organizaciones se deben
adaptar al contexto (v.g. mercado). En el otro extremo de las posturas se
encuentra la resource based view o perspectiva basada en recursos que sostiene que
la organización, con sus lógicas internas, debe construir y/o enactuar los contextos y, finalmente, el enfoque de las
competencias dinámicas que propone la existencia de un diálogo o influencia
recíproca entre la organización y el contexto.
Más allá de la
perspectiva adoptada, las organizaciones se debaten entre la inercia y el
cambio. Y en contraposición a la postura naïve del management pop, existen múltiples fuerzas intramuros y extramuros con
respecto a la organización que pugnan por mantener el statu quo así como se desarrollan fuerzas intra y extramuros que
presionan por la generación de cambios.
Múltiples fueron las preguntas que le dieron vida al campo de estudio
del cambio organizacional: ¿Cómo sortear la inercia organizacional? ¿Cuáles son
las fuentes del cambio organizacional? ¿Se puede cambiar tan rápido como el
contexto? El cambio: ¿se gestiona o se lidera? ¿Qué hay que cambiar? ¿Cuáles
son las dimensiones del cambio? ¿Se puede cambiar la cultura organizacional?
¿Cómo llevar a la práctica el cambio? ¿Disponemos
de modelos o esquemas para posibilitar el cambio? ¿Qué sustento teórico-empírico tienen estos
modelos? ¿Se trata de modelos descriptivos o
prescriptivos?
De ahí surgen las taxonomías del cambio
(i.e. revolucionario-evolutivo, discontinuo-continuo, estratégico-operativo,
global-local), las nociones de resistencia al cambio y de ciclo de vida de las
organizaciones (Greiner, 1972; Mintzberg, 1984) y los modelos prescriptivos
para impulsar el cambio en las organizaciones (Lewin, 1951; Kotter & Cohen,
2002; Nadler & Tushman,
1980; Beckhard & Harris, 1987).
En el período previo a la
pandemia de Covid-19 el cambio tecnológico predominaba como la variable crucial
para el desenvolvimiento de las organizaciones. En ese sentido, el fenómeno en
boga durante ese período era la Industria 4.0 (Schwab, 2016). Ciertamente no
era la única variable catalizadora del cambio; tendencias, procesos y fenómenos
sociales, políticos, económicos, medioambientales, también impulsaban el cambio
en las organizaciones.
A pesar de la
multiplicidad de las fuerzas impulsoras del cambio organizacional, su
determinismo preconizado siempre resultó relativo, no absoluto. En otras
palabras, el darwinismo organizacional es mucho más matizado que el social y,
en países como Argentina, se constata una ecología de la población
organizacional ciertamente variada con respecto al nivel de adaptación al
cambio.
Las organizaciones no son
cajas negras o entidades inertes. Son sistemas sociales complejos, con una
teleología múltiple, cuyos miembros construyen significados comunes para actuar
de manera mancomunada (Weick, 1969). Al adoptar esta perspectiva en la que las
organizaciones desarrollan sus dominios de relaciones, propósitos y capacidades
así como su identidad (Etkin & Schvarstein, 1995), se observa el impacto relativo de los
cambios contextuales. Las otrora “cajas negras”, firmas u organizaciones punto, desarrollan rutinas (Nelson & Winter,
1982), capacidades, competencias (Wernerfelt, 1984;
Penrose, 1959), competencias centrales o capacidades dinámicas, es decir,
rutinas organizacionales y estratégicas por medio de las cuales logran nuevas
configuraciones de recursos en mercados que emergen, que se chocan, que se
escinden, que evolucionan y mueren (Eisenhardt
& Martin, 2000). A través de las
competencias se produce conocimiento y se abren las puertas del aprendizaje
organizacional para encausar a la organización en un sendero evolutivo.
Alcance y profundidad de los procesos de
inercia y cambio: niveles de análisis organizacional
El campo de
estudio del planeamiento organizacional prima
facie distante de la dinámica inercia-cambio organizacional se revela
esencial para analizar en profundidad su naturaleza y alcances. En particular,
las nociones de fenoproducción, fenoestructura
y genoestructura, en tanto que niveles
organizacionales que van desde lo más visible hasta lo más abstracto, resultan
imprescindibles para observar que mientras se puedan producir procesos de
cambio en los flujos de producción social (i.e. nivel de fenoproducción)
de manera concomitante puede primar la inercia en las acumulaciones sociales
(nivel de la fenoestructura) y en las reglas básicas
o genoestructura.
En términos más
coloquiales, los cambios fácilmente observables en artefactos y prácticas
organizacionales pueden convivir con la inercia y reificación de las lógicas de
funcionamiento de la organización. En contraposición, los cambios en la fenoestructura y, particularmente, en la genoestructura raramente permitan la inercia en el nivel de
la fenoproducción.
Con frecuencia se
evoca la imagen de un iceberg para comprender la relevancia y potencia
explicativa de la multiplicidad de niveles de análisis. En ese sentido, la fenoproducción se asimila a la punta del iceberg,
observable desde la superficie, mientras que la fenoestructura
se asocia a las primeras capas sumergidas del iceberg. Quedan reservadas las
capas más profundas en tanto que niveles genoestructurales
cuya dinámica inercia-cambio exige un esfuerzo de envergadura para todo
analista organizacional que pretenda comprender y explicar los cambios en las
lógicas de funcionamiento de la organización bajo estudio.
En definitiva,
las nociones de fenoproducción, fenoestructura
y genoestructura permitirán distinguir entre procesos
de cambio (y procesos inerciales) superficiales, recurrentes y profundos según
el alcance de los fenómenos experimentados en el ámbito organizacional. En
otras palabras, el aporte de Carlos Matus (1985) supera el binarismo dicotómico
sustentado por el mainstream del management cuyo dispositivo analítico impone definir
si una organización está cambiando o se encuentra inmersa en un proceso
inercial. De aquí en más, se echa por tierra la hipótesis excluyente de cambio
o inercia y resulta evidente el fenómeno de la convivencia entre inercia y
cambio.
Resistencia al cambio: de la perspectiva naïve al enfoque estratégico
En contraposición a la omnipresencia en la literatura sobre cambio
organizacional, el fenómeno de resistencia al cambio no es un fenómeno
universal (Burke, 2018). Este es el punto de partida
para superar la perspectiva naïve y abordar la tensión entre inercia y cambio en las
organizaciones.
Tradicionalmente abordado
desde el mainstream del management, el leit motiv de los agentes del cambio pasaba
por desarrollar modelos, enfoques y, especialmente, herramientas para
implementar el cambio organizacional sin justipreciar sus implicancias para
quienes serían afectadas/os por dichos procesos. En ese sentido, se asume una
postura político-ideológica, no carente de ceguera ni de posicionamiento estratégico,
que defiende a capa y espada las virtudes del cambio al mismo tiempo que
denuncia los vicios de la inercia. La fórmula “el cambio es bueno, la inercia
es mala” sintetiza la idea subyacente.
Asumir la relatividad de
los procesos de resistencia al cambio organizacional y visibilizar el sesgo
connotado sobre los términos inercia y cambio permite comprender que innumerables
procesos de cambio se lleven adelante y encuentren un eco favorable, aceptación
e incluso agentes catalizadores del cambio. En ese sentido, se impone evitar el
binarismo de “resistencia al cambio” versus
“aceptación del cambio”. Puede haber posturas intermedias en un imaginario continuum en el que se aceptan ciertos
aspectos del proceso de cambio propuesto, pero no así otros aspectos; así como
puede haber cierta resistencia al cambio en el corto plazo y aceptación del
proceso de cambio en el mediano o largo plazo.
Problematizar la tensión
entre la inercia y el cambio organizacional no puede desembocar en la negación
del fenómeno de resistencia al cambio. Según Burke
(2018) la resistencia al cambio es un fenómeno más relacionado a la resistencia
a perder algo que al cambio en sí mismo. Otro factor que genera resistencia al
cambio es la sensación de pérdida de capacidad decisoria ya que la imposición
del cambio reduce el margen de maniobra de quienes estarán alcanzados por el
proceso de cambio. La teoría de la reactancia psicológica (Brehm,
1966) explica que cuando las personas sienten que está en peligro su libertad
tratan de recuperarla (v.g. resisten el cambio impuesto).
Aquí resulta pertinente recordar la noción de zona de
incertidumbre del análisis estratégico (Crozier & Friedberg, 1977). Los
actores organizacionales, en todos los niveles jerárquicos y estructurales,
manejan zonas de incertidumbre que se traducen en margen de maniobra individual
o grupal vis-à-vis otros individuos o
grupos. De ahí, que surja la resistencia al cambio ya que se verían amenazadas
las zonas de incertidumbres y en última instancia la capacidad de decidir y de
ejercer la libertad individual o grupal.
Se pueden observar tres tipos de resistencia al cambio (como se
citó en Burke, 2018: 135): a) resistencia ciega; b)
resistencia política y c) resistencia ideológica. La primera se refiere a
aquellas personas que experimentan miedo e intolerancia al cambio; la segunda
se da cuando las personas consideran que el cambio implicará una pérdida de
algo que consideran de valor; la tercera se genera en personas que honestamente
consideran que el cambio propuesto es negativo para la organización o que va a
contramano de ciertos valores.
Más allá de la resistencia ciega, generalmente la resistencia al
cambio tiene fundamentos, no se da de manera acrítica o naturalmente por una
tendencia a oponerse a los cambios. En ese sentido, la resistencia al cambio no
es un fenómeno negativo para la organización ya que moviliza energía y requiere
esfuerzos para fundamentar la racionalidad del cambio propuesto.
En otras palabras, es racional que todo cambio propuesto genere
resistencia ya que las personas sobre las que impactará el cambio se verán
compelidas a efectuar trade-offs
entre lo conocido y lo desconocido, entre la certeza y la incertidumbre, entre los
patrones de comportamiento conocidos y los nuevos.
En síntesis, la idea central apunta a superar la mirada sesgada y
prejuiciosa sobre la resistencia al cambio (v.g. inercia organizacional) y reconocer
el componente político y estratégico de quienes promueven los procesos de
cambio. En ese sentido, la relación dialógica inercia-cambio no es ni más ni
menos que la arena donde se desarrollan relaciones de poder…naturalmente
asimétricas.
Resiliencia:
entre la inercia y el cambio
La noción de resiliencia, en tanto que componente teleológico de
las organizaciones, constituye un puente conceptual y analítico entre la
inercia y el cambio organizacional.
Resiliencia es un término
polisémico, originalmente utilizado en disciplinas como la ecología, la
psicología y la ingeniería (Manyena, 2006). Para la
ecología se trata de los ecosistemas que desarrollan la capacidad de absorción
de perturbaciones conservando su estructura, dinámica y funcionalidad. En
psicología, la noción de resiliencia, en tanto que capacidad, es idéntica a la
referida previamente, pero en este caso aplicada a las personas. En el terreno
de la ingeniería se refiere a la energía que puede ser recuperada de un
material deformado cuando cesa la fuerza que lo deformó. Aplicada al mundo
organizacional, la resiliencia se entiende como la flexibilidad, la capacidad
de lidiar con lo inesperado y las situaciones no planeadas y la capacidad de
respuesta rápida ante eventos traumáticos, incluso catastróficos (Hale & Heijner, 2006).
Recuperación, aprendizaje
y flexibilidad son algunas de las capacidades organizacionales frecuentemente
señaladas como claves en las organizaciones resilientes. Capacidad de absorción
(Holling et al, 1995), adaptabilidad (Pelling, 2003), capacidad para lidiar con peligros
inesperados (Wildavsky, 1991), capacidad de respuesta
(Home & Orr, 1998), anticipación y recuperación
son asociadas a las diferentes acepciones de resiliencia organizacional (Weick
& Sutcliffe, 2007; Woods, 2013).
Resiliencia implica
recuperar un statu quo, o estado de
situación, alterado por una perturbación. Esa perturbación puede haber afectado
alguna invariancia organizacional (e.g. rasgos de la
identidad organizacional) o algún proceso de cambio. Ante la perturbación, la
resiliencia operará de manera regenerativa tanto de la inercia como del cambio
organizacional. La resiliencia no toma partido por uno u otro polo de la
relación dialógica inercia-cambio, su objetivo último es la supervivencia
organizacional. La resiliencia es un instrumento, forma parte del dominio de
las capacidades.
En otras palabras, el
shock de la pandemia de COVID-19 exigió resiliencia, por parte de las
organizaciones, de manera de adaptarse a la nueva situación, cambiando ciertos
componentes organizacionales y conservando otros. Es decir, encontrando un
equilibrio entre el cambio y la inercia con el objetivo de ser resilientes. En
otras palabras, asegurando la supervivencia de la organización.
Inercia y cambio en la teoría de la alta confiabilidad
Las
Organizaciones de Alta Confiabilidad (v.g. HROs) son
sistemas riesgosos y potencialmente catastróficos en virtud de sus sistemas
tecnológicos, las interrelaciones complejas, los procesos decisorios y su particular
diseño estructural. Un conjunto de procesos cognitivos organizacionales
contribuye no sólo a evitar los accidentes graves, también a asegurar la
resiliencia y confiabilidad de las operaciones.
A partir
del estudio de centrales nucleares, sistemas de control de tráfico aéreo,
industrias químicas y petroquímica, equipos de intervenciones quirúrgicas e
infraestructuras críticas, se desarrolló un corpus
teórico en el que predominan el enfoque técnico-ingenieril, la teoría de los
accidentes normales y la teoría de la alta confiabilidad.
Originalmente se planteó el contrapunto entre HEOs
(i.e. High-Efficiency
Organizations) y HROs. No
obstante el binarismo epistemológico imperante, la observación empírica dio
cuenta de un heterogéneo universo organizacional en el que proliferan híbridos
organizacionales y configuran un continuum
organizacional cuyos polos extremos son las HROs
y HEOs.
Las HROs se distinguen en el universo
organizacional por el sistema tecnológico que las sustenta (Perrow,
1984), por las competencias organizacionales e individuales (Roberts, 1990; Rochlin, 1993, 2001; Roe & Schulman,
2008; LaPorte & Consolini,
199&), por su infraestructura cognitiva (Weick et al., 1999; Weick & Sutcliffe, 2007) así como por la articulación de múltiples objetivos
contradictorios, antagónicos y concomitantes (Bourrier,
2001; Cameron, 1986, Cantero & Seijo, 2012).
Con frecuencia se sostiene que las HROs desde
el punto de vista organizacional, constituyen el fenómeno paradigmático, de la
sociedad del riesgo. De todas formas, el universo organizacional es ciertamente
variado. Es decir, hay otras organizaciones que no son de alta confiabilidad. Se
las denomina Organizaciones de Alta Eficiencia (HEOs,
según sus siglas en inglés).
Organizaciones como una empresa automotriz, una productora de
cine, una sociedad de bolsa o una inmobiliaria se diferencian de las HROs tanto por su teleología, como por sus procesos
decisorios, el sistema tecnológico que emplean, las estructuras que necesitan y
los riesgos inherentes a sus actividades. En efecto, son organizaciones que no
generan la potencialidad de una catástrofe social, medioambiental y económica
como las HROs.
Entre las innumerables diferencias, a nivel ontológico se puede
distinguir entre HROs y HEOs
ya que las primeras no pueden establecer los trade-offs ni apelar a la jerarquización
de objetivos que hacen las HEOs. Desde el punto de
vista estructural existen diferencias en los sistemas tecnológicos, de toma de
decisiones, de configuraciones estructurales necesarias e incluso desde el
punto de vista cognitivo o de las competencias organizacionales. Por tanto,
existen al menos tres niveles de diferenciación ontológica entre HROs y HEOs.
El contrapunto entre HROs y HEOs no debe conducir al reduccionismo del pensamiento
binario. Esto es, pensar que el universo organizacional se puede dividir en HROs y HEOs. En realidad, existen
innumerables tipos organizacionales, razón por la cual se debe analizar el
universo organizacional a partir de un continuum
cuyos extremos sean las HROs y las HEOs y a lo largo del cual se encuentran organizaciones que
presentan ciertas características que las acercan a uno u otro extremo.
Anteriormente se mencionó el caso de una organización que opera
una central nuclear como ejemplo de HRO. En efecto, reúne todos los rasgos
ontológicos de una HRO y se lo puede ubicar en el extremo del continuum pero ¿qué se puede decir de la
organización que diseña y construye la central nuclear? ¿Y qué se podría decir
de la organización que gestiona el sistema de generación y distribución de
energía eléctrica (i.e. CAMMESA)? O también de la empresa que provee agua
potable y cloacas. ¿Y de las organizaciones encargadas del sistema de
transporte ferroviario? ¿Y el Hospital de Clínicas?
El sector agropecuario también podría generar interrogantes: ¿son HEOs o HROs los agribusiness que
utilizan pesticidas (y otras sustancias) para la producción agropecuaria, que
eventualmente concluye con la producción de OGMs
(i.e. organismos genéticamente modificados)? Last but not least…un banco central por ejemplo. el BCRA ¿es HRO o
HEO?
Más allá del carácter lúdico de las preguntas, los casos
propuestos dan cuenta de tipos organizacionales que combinan rasgos de HROs y de HEOs. Se trata de
híbridos organizacionales o de organizaciones que originalmente son HEO pero
debido a su creciente complejización y el dinamismo
de sus contextos hacen que desarrollen rasgos de HRO.
En este estadio,
es válida la pregunta acerca de la distinción entre HROs
y HEOs en un ensayo acerca de la inercia y el cambio
organizacional. Cuatro son los argumentos que le dan sentido a esta distinción
epistemológica en el universo organizacional: a) las HROs
están alertas permanentemente a los cambios contextuales; b) por sus sistemas
tecnológicos altamente riesgosos, las HROs intentan redificar
el desempeño confiable; c) las HEOs desarrollan una
mayor permeabilidad (o no desarrollan un proceso de alerta) a las
perturbaciones externas y su comportamiento no conlleva el riesgo de una
catástrofe; d) ante fuertes perturbaciones contextuales las HEOs
podrían adoptar prácticas desarrolladas por las HROs
sin grandes esfuerzos pecuniarios.
En definitiva, la
distinción entre HROs y HEOs
puede constituir una herramienta conceptual potente para identificar los
aprendizajes que se pueden generar entre los distintos tipos organizacionales
para enfrentar contextos desafiantes como el de la pandemia de Covid-19.
3.
Metodología
A diferencia de
los trabajos científicos, los ensayos constituyen escritos que plantean alguna temática,
hipótesis, postura o problemática, en este caso organizacional, desarrollando
argumentos, no exentos de evidencia empírica aún fragmentaria o secundaria, en
los que se resalta el carácter propedéutico.
La combinación
entre razonamiento lógico, pensamiento científico, cierta dosis de creatividad en
el planteo de los temas y desarrollo de los argumentos, coronados con un estilo
de escritura atractivo, generará las condiciones para que el trabajo propuesto
merezca ser considerado como un ensayo fundamentado en el que haya doxa pero también episteme.
En ese sentido,
el presente trabajo reúne las características de los ensayos
científico-académico, de naturaleza crítica desde el momento en que pone en
evidencia los sesgos, las inconsistencias, las omisiones y las ideas preconcebidas
del mainstream imperante, en este
caso, del campo de estudio del cambio organizacional.
Teniendo en
cuenta la naturaleza ensayística del trabajo propuesto, antes que desplegar
minuciosamente la estrategia metodológica conviene brindar precisiones acerca
de la postura epistemológica en la que se basa el ensayo.
Según Wacheux F. (1996) el investigador
dispone de cinco enfoques epistemológicos: positivismo, sociología comprensiva,
estructuralismo, constructivismo y el enfoque multiparadigmático.
Sin desestimar el conjunto de enfoques, el ensayo propuesto se
referencia en la postura epistemológica constructivista ya sea por su actitud
abierta a la crítica de conocimientos, ideas y enfoques del management
establecidos como el canon de la disciplina.
Aun cuando el derrotero argumentativo propuesto se distancia del
positivismo, a lo largo del ensayo se pone en evidencia la importancia de la
observación empírica e incluso, en este apartado, se propondrán categorías
analíticas para futuros trabajos investigativos. De todas maneras, justo es
reconocer que el presente ensayo se aparta de la postura positivista que
consiste en asumir los hechos como una entidad independiente del observador o
ensayista. En contraposición, la postura epistemológica aquí sustentada
considera que los hechos son una construcción resultante de la relación entre
el/la observador/a y el objeto o sujeto observado.
Tres aspectos adicionales entran en contradicción con la postura
positivista: el ensayo no excluye las intuiciones o presunciones del ensayista;
no se buscan leyes, principios o fundamentos que rijan la dialógica
inercia-cambio organizacional; no se tiene como objetivo desarrollar modelos
predictivos acerca de los procesos inerciales y cambiantes en las
organizaciones. En realidad, se apunta a problematizar los procesos de inercia
y cambio, operación que puede entrañar abrir la caja de Pandora, para
comprender las lógicas comportamentales de las organizaciones. En ese sentido,
el ensayo comparte la preocupación de la postura epistemológica de la
sociología comprensiva ya que se considera la comprensión como el a priori de la explicación.
Asimismo, el ensayo presenta un vínculo estrecho con la sociología
comprensiva desde el momento en que moviliza diversos marcos de referencia teóricos.
Finalmente, resulta ambivalente la postura epistemológica del
ensayo vis-à-vis el estructuralismo
ya que si bien se integran simultáneamente la estructura y el individuo (i.e.
organización e individuo) en un movimiento dinámico, se pone en evidencia la
asimetría de las relaciones de poder frente a los procesos de inercia y cambio
antes que preconizar las condiciones del equilibrio social (u organizacional).
A lo largo del
presente trabajo se desarrollan argumentos, posturas e ideas. Al mismo tiempo, se
ofrece evidencia empírica extraída de fuentes secundarias cuya naturaleza
fragmentaria y no sistematizada mediante estándares cientificistas no invalida
su potencia argumentativa. Más allá de la validez, robustez acotada y
representatividad de los datos cuantitativos que exigiría un trabajo de
investigación positivista, la evidencia empírica está situada en un contexto
específico y es a partir de ese marco empírico que se contrasta con el corpus teórico. En otras palabras, los
argumentos esgrimidos en el ensayo se sustentan en el comportamiento
organizacional observado durante el período de la pandemia de COVID-19, hasta
la actualidad.
En este primer trabajo se plantea una lectura crítica, alternativa,
al campo de estudio del cambio organizacional, haciendo hincapié en las
vulnerabilidades epistémicas y empíricas del mainstream imperante para posteriormente desarrollar un corpus empírico heterodoxo. En esa línea
de pensamiento, el ensayo pretende
abrir las puertas a futuros trabajos investigativos en los que se formulen
hipótesis y se desarrolle un trabajo de campo que derive en desarrollo del
corpus empírico.
Del ensayo se
pueden extraer categorías analíticas para futuros trabajos de investigación
acerca de la relación inercia y cambio organizacional. Nociones como relación
dialógica inercia-cambio; fuerzas inerciales, inercia estructural, fuentes del
cambio organizacional, tipos de cambio, niveles de cambio, tipos de resistencia
al cambio, invariancias organizacionales, constituyen sólo una muestra acotada
de categorías conceptuales pasibles de ser operacionalizadas, transformarlas en
fuentes de recolección de datos y posteriormente generar conocimiento a través
del corpus empírico.
4.
Desarrollo
En este apartado se
propondrá un diálogo permanente entre la teoría y la práctica. Cada uno de los issues planteados
en la construcción del marco teórico será analizado a la luz de la evidencia
empírica observada durante el período pandémico y postpandémico
en las organizaciones. Por otra parte, se ofrecerá una serie de elementos para
la discusión con vistas a futuros trabajos.
Inercia y cambio: procesos antagónicos, conflictivos y concomitantes
Insistentemente, el mainstream del management
postula el antagonismo entre la inercia y el cambio organizacional. Es más, se
ha puesto en evidencia el juicio de valor subyacente que reserva el virtuosismo
para los procesos de cambio y atribuye una connotación negativa a la inercia
organizacional.
Si en una organización
hay inercia se la cataloga de rígida, inerte, inactiva, inflexible, carente de
diversidad, cerrada a lo nuevo y al aprendizaje. En contraposición, una
organización en la que se observa una primacía del cambio será adjetivada como
dinámica, adaptativa, flexible, diversa, open-minded, innovadora y abierta al aprendizaje.
Más allá de las
connotaciones positivas y negativas atribuidas a la inercia y al cambio
organizacional, el análisis empírico demostró que existen fuerzas inerciales,
tanto internas como externas a la organización, que se manifiestan a través de
fenómenos como la exigencia de una performance confiable y responsable,
desempeño que se paga con inercia estructural (Hannan & Freeman, 1984).
Durante el período
pandémico el antagonismo inercia y cambio organizacional se puso en evidencia
desde el punto de vista teleológico y en distintos niveles organizacionales.
Con respecto al
componente teleológico, se observó el mantenimiento de los objetivos relativos
a la performance económica a los que se opuso una teleología sanitarista que
llegó a límites insospechados debido a la durabilidad de las cuarentenas.
Por otro lado, se observó
una convivencia de la inercia y el cambio ya que experimentaron un predominio
focalizado en distintos y determinados niveles organizacionales. Mientras que
los actores externos (v.g. clientes, usuarios) mantenían sus demandas de
productos y servicios, la vigencia de las restricciones pandémicas
circunscribía los procesos de cambio en los sistemas de logística, distribución
y canales de distribución. En ese sentido, las empresas de actividades
esenciales se vieron enfrentadas a mantener la inercia productiva al mismo
tiempo que debían cambiar sus modalidades de interacción con sus stakeholders, especialmente clientes y
usuarios/as. Moraleja, inercia y cambio en tanto que relación dialógica no vio
suprimida su naturaleza conflictiva, aunque se observó un proceso de
conciliación o convivencia. Quizás en un futuro no tan lejano podría formularse
el oxímoron “inercia cambiante” o “cambio inercial”.
Inercia luego cambio y nuevamente inercia:
comportamiento cíclico y relación figura-fondo
Otro cas de figure o dinámica que adopta la
relación dialógica inercia-cambio organizacional es el comportamiento cíclico
bajo una relación de figura-fondo.
Tal como se
formulan en los enfoques de ciclo de vida de las organizaciones, las distintas
etapas que atraviesa una organización implican distintas dosis o primacías de
inercia o de cambio organizacional. Se puede observar en el modelo de Greiner
(1972) donde los períodos de evolución, más asociados a la búsqueda de inercia,
son sucedidos por crisis o períodos revolucionarios en los que asume el
protagonismo el cambio. Algo similar ocurre en el ciclo de vida de las
organizaciones formulado por Mintzberg (1984) en el que las organizaciones
experimentan cambios en sus configuraciones estructurales.
También aparece
la dinámica pendular o cíclica en la inercia y el cambio en el modelo de K.
Lewin (1947). En efecto, el modelo propuesto de tres pasos se inicia con la
etapa de unfreeze
(v.g. descongelamiento) cuyas actividades principales son analizar la situación
organizacional, potenciar las fuerzas conductoras del cambio y disminuir las
fuerzas que resisten el cambio. La segunda etapa, denominada move (v.g. mover)
en la que prima la acción tendiente a implementar los cambios y finalmente, la
tercera etapa de refreeze
(v.g. recongelamiento) en la que quedan establecidas
las nuevas formas de hacer y se perenniza el “cambio”, eufemismo que bien
podría ser remplazado por inercia.
Con cierto matiz,
ya que se trata de una herramienta metodológica para impulsar los procesos de
cambio, el modelo de los ocho pasos de John Kotter (2002[1947]), al incorporar
una etapa de anclaje del cambio en la cultura organizacional, también resulta
tributario de la dinámica secuencial de inercia y cambio organizacional.
Niveles de recursividad de la dinámica inercia-cambio: las muñecas rusas de
los procesos de reificación y cambio organizacional
Como se sostuvo
anteriormente, las nociones de fenoproducción, fenoestructura y genoestructura
permiten distinguir entre procesos de cambio (y procesos inerciales)
superficiales, recurrentes y profundos, según el alcance de los fenómenos
experimentados en el ámbito organizacional, evitando caer en la hipótesis
excluyente de cambio o inercia.
Abunda la casuística de
organizaciones que adoptan técnicas de management
como el empowerment,
gestión por objetivos, trabajo en equipos, imagen corporativa, coaching, outsourcing, entre tantas otras que operan en los niveles de la fenoproducción y/o en la fenoestructura
pero que no alcanzan o incluso entran en contradicción con las lógicas
imperantes de la genoestructura organizacional.
Al observar el
comportamiento organizacional de manera diacrónica, por ejemplo, considerando
un período de tiempo que incluya la pandemia de COVID-19 y el período postpandémico inmediato, se puede observar el alcance de la
inercia y el cambio organizacional. Tomemos el caso del sistema universitario
argentino. Al menos en las Universidades Nacionales, la oferta formativa de
grado se desarrollaba mayoritariamente bajo la modalidad presencial. Ante el
shock pandémico, se operaron cambios a nivel de la fenoproducción
y la fenoestructura. En ese sentido, el pasaje a una
modalidad de cursada mediada por tecnología implicó modificar la interacción
entre estudiantes y equipos docentes. Incluso se postulaba el cambio
revolucionario de la educación a distancia. Esto es, un cambio en la genoestructura. Sin embargo, la naturaleza del proceso
enseñanza-aprendizaje conservó una fuerte dosis de inercia, a diferencia de lo
que sucede en los niveles educativos inicial y medio, y en la medida en que la
pandemia evolucionó y permitió retornar al espacio áulico compartido de manera
presencial, se pudo constatar la relatividad del cambio y las fuerzas
inerciales.
El caso de la inercia y
el cambio en las Universidades constituye un interés particular para quienes
transitan cotidianamente los claustros y son actores protagónicos de su devenir
organizacional. Nada es definitivo. El proceso de inercia-cambio continúa con
su derrotero y la convivencia de modalidades formativas en los niveles de pregrado,
grado y posgrado no excluye la posibilidad de que se produzcan cambios en todos
los niveles, no sólo la fenoproducción y la fenoestructura sino también las reglas básicas de
generación y transmisión de conocimiento; las dinámicas de interacción
formativas y los dispositivos tecnológicos para desarrollar el proceso de
enseñanza-aprendizaje entre estudiantes y docentes.
Resistencia al cambio en tiempos pandémicos y post-pandémicos
Volver a la normalidad se
transformó en un clamor social luego de las primeras oleadas de COVID-19. Más
allá de la fatiga psicológica y lejos de haber ingresado en la pandemia
abandonando una situación idílica o paradisíaca, la vuelta a la normalidad,
analizada desde la perspectiva de las ciencias de la gestión, hace eco con las
fuerzas inerciales organizativas.
La vuelta a la normalidad
puso en blanco sobre negro la provisoriedad y la reversibilidad de los cambios
introducidos en las organizaciones durante las etapas más catastróficas de la
pandemia de COVID-19.
Aquellas prácticas que
las organizaciones de alta eficiencia adoptaron de las HROs
fueron abandonadas gradualmente, a medida que la pandemia cedía en intensidad y
capacidad mortuoria. Distanciamiento social de los integrantes de las
organizaciones que pudieron continuar con sus procesos productivos por estar
encuadradas como actividades esenciales; utilización de mascarillas;
instalación de separaciones físicas en el ámbito de trabajo; instalación de
dispositivos sanitizantes, entre otros.
La resistencia al cambio
se observó de manera elocuente en diversos sectores industriales que
experimentaban reticencias hasta para incorporar prácticas elementales de
distanciamiento social entre sus colaboradores y las/os clientes y/o
usuarios/as. El caso de los eventos deportivos y ciertos eventos sociales (e.g. fiestas clandestinas) dieron claras muestras de las
fuerzas inerciales.
Una vez superada la
pandemia de Covid-19 se puede observar la manera en que innumerables
organizaciones retomaron las mismas prácticas vigentes en el período prepandémico,
echando por la borda las nuevas prácticas adoptadas durante la pandemia. Concretamente
esto se observa en el retorno de los eventos deportivos y culturales masivos
así como la vuelta del turismo de masas e incluso los sistemas educativos que
volvieron a los espacios áulicos multitudinarios.
Es preciso aclarar en
este punto que evidenciar la primacía de las fuerzas inerciales en tal o cual
organización no implica juicio de valor alguno. Lo relevante, desde el punto de
vista del análisis organizacional pasa por realizar una lectura profunda del
devenir organizacional y comprender las lógicas que conducen a la organización
ya sea a la inercia o al cambio o a una combinación de ambos procesos. A partir de este tipo de análisis se podrá
justipreciar el impacto de la inercia y el cambio sobre el desempeño
organizacional, sobre los procesos de aprendizaje organizacional y sobre los
procesos evolutivos organizacionales.
Resiliencia, inercia y cambio en tiempos pandémicos
Organizaciones de
sectores económicos como el de turismo, gastronomía, bienes culturales,
educación (en general), servicios personales y comercio (no esencial), por
citar algunos de los casos más evidentes, tuvieron que experimentar cambios en
sus modalidades de trabajo, de producción, de relacionamiento con sus usuarixs y clientes para sobrevivir ante las restricciones
contextuales impuestas para lidiar con la pandemia de COVID-19.
Se produjeron ciertos
cambios en la forma de hacer negocios pero no se constaron cambios de
paradigmas de gestión. En ese sentido, las denominadas HEOs
(i.e. high efficiency
organizations) adoptaron herramientas y
desarrollaron capacidades características de los sistemas altamente riesgosos,
también denominados HROs (i.e. high
reliability organizations)
para sortear el shock pandémico.
Las denominadas
actividades esenciales adaptaron sus tareas mediante la incorporación de
protocolos y medidas sanitarias. Otros sectores económicos, posteriormente
habilitados, desarrollaron protocolos y/o adoptaron sistemas de
comercialización compatibles con el distanciamiento social. En ese sentido, el
mayor desafío se centró en los sectores económicos de servicios que implicaban
necesariamente proximidad social. Un racconto
no taxativo nos remite al transporte de pasajeros en común, turismo de masas,
eventos culturales masivos, sector gastronómico, educación, entre otros.
A pesar del impacto de la
pandemia, las múltiples fuentes de incertidumbre futura y los cambios en los
patrones de interacción social, comercial y laboral adaptados al
distanciamiento, a más de tres años de iniciada la pandemia, parece primar en
los actores económicos cierta dosis de confianza en la vuelta a la normalidad.
En términos organizacionales, la vuelta del predominio de la inercia
organizacional por sobre las fuerzas del cambio.
En un intento de
sistematización de las diferentes modalidades o dinámicas de inercia y cambio,
adoptadas por las organizaciones se podría dar cuenta de: a) reconversiones
productivas; b) sectores económicos que desensillaron hasta que aclaró (e.g. sector turismo, servicios culturales, sector
transporte); c) conciliar inercia y cambio mediante educación virtual (e.g. sistema educativo y servicios personales como
asistencia psicológica); d) actividades inercialmente esenciales y altamente
demandadas (e.g. sector salud); e) innovaciones de
productos como vector de cambio (e.g. laboratorios
medicinales, sector equipamiento, sector textil); f) sin novedades en el frente
(e.g. HROs).
Cabe señalar que
las modalidades formuladas son un primer intento taxonómico para darle sentido
a la multiplicidad de enfoques para gestionar la relación dialógica
inercia-cambio en las organizaciones. Futuros trabajos deberían especificar,
profundizar y/o reformularlas incorporando mayores precisiones teóricas y
empíricas.
Elementos
para la discusión
El reforzamiento o reversión de procesos socio-económicos
preexistentes a la pandemia de COVID-19 es un issue de particular relevancia,
tanto a nivel organizacional como en las perspectivas meso y macro de los
sistemas sociales y económicos.
Más concretamente, el incremento de la precarización laboral tanto
desde el punto de vista contractual como de las CyMAT (v.g. Condiciones y Medio
Ambiente de Trabajo) y del fuerte deterioro del poder adquisitivo de las
remuneraciones; la tendencia a la concentración de las estructuras de mercado;
la profundización de la jerarquización y el clivaje social (v.g. era de las
desigualdades); el deterioro de la confianza social vis-à-vis las instituciones públicas; la profundización de las
asimetrías de las relaciones de poder entre los actores y la nihilización o sofocamiento de los movimientos de
sublevación previos a la pandemia, constituyen una serie de fenómenos que ponen
en evidencia las fuerzas inerciales por sobre los procesos de cambio.
Adicionalmente, plantean el interrogante acerca de su sustentabilidad: ¿hasta
cuándo se inclinará el fiel inercial de la balanza a partir del cual surja la
necesidad del cambio?.
Otro de los issues,
en este caso de impacto organizacional más visible, de particular preocupación
y reflexión, se refiere a la naturaleza de las relaciones entre los seres
humanos y las máquinas. No es un cambio novedoso el desarrollo de la
inteligencia artificial y su incorporación en el mundo organizacional. Desde
mediados del siglo XX se suceden desarrollos tanto de dispositivos
organizacionales (e.g. MIS; algoritmos, modelos de
simulación) como de artefactos tecnológicos (e.g.
robots) que son aplicados en las organizaciones con sus impactos en las formas
de relacionamiento de las personas, las modalidades y prácticas laborales e
incluso llegando a suprimir la necesidad de individuos y de toda una serie de métiers. Una vez
más es válido y pertinente interrogarse acerca de la viabilidad de un sistema
social y organizacional cuya proyección futura acota sensiblemente el espacio
vital de los seres humanos.
Finalmente, el reforzamiento de las sociedades de control a las
que hacía referencia Michel Foucault (1975) y la creciente incertidumbre del
futuro ofrecen dos ejes inerciales con los que tienen que lidiar tanto las
organizaciones como los actores individuales y grupales que las constituyen. En
este caso el desafío pasa por el encuentro y/o generación de las líneas de fuga
(Guattari, 2013) para sortear el cambio inercial que pone en riesgo la
supervivencia misma del ser humano.
5.
Conclusiones
Las organizaciones se debaten entre la inercia y el cambio. En
ciertos momentos las fuerzas inerciales se imponen al cambio y viceversa. La
supervivencia organizacional puesta en riesgo a partir de factores exógenos (e.g. pandemia de COVID-19) impulsó cambios y, una vez
alcanzada la resiliencia (v.g. supervivencia organizacional), son las fuerzas
inerciales que asumen el protagonismo.
A lo largo del ensayo se planteó, de manera crítica, una serie de
temáticas relativas a la relación dialógica inercia-cambio organizacional que
puso en evidencia los sesgos, las
inconsistencias, las omisiones y las ideas preconcebidas del mainstream imperante, en este caso, del
campo de estudio del cambio organizacional.
El derrotero ensayístico echó por tierra la idée recuée acerca del cambio permanente en
las organizaciones. No sólo la naturaleza dialógica sino la concomitancia de
ambos fenómenos en los múltiples niveles organizacionales (i.e. fenoproducción, fenoestructura y genoestructura) y la reconsideración del fenómeno de la
resistencia al cambio constituyeron los aportes principales ofrecidos en el
presente trabajo. Adicionalmente, se planteó una serie de elementos para la
discusión que habilitan debates y líneas reflexivas exploratorias que ameritan
futuros trabajos de investigación.
Este trabajo planteó, desde un abordaje teórico, sin prescindir de
evidencia empírica, la relación dialógica inercia-cambio en las organizaciones
y su vigencia en el contexto pandémico y post-pandémico.
Así como inercia y cambio se alternan en cuanto a su predominio en las
organizaciones, sin anularse o suprimirse, en el contexto pandémico se observaron
diversas modalidades de gestión. Una de las modalidades predominantes se
caracterizó por una primera etapa de shock o perturbación, en la que la
impronta del cambio prevaleció por sobre la inercia. Superadas las etapas más
críticas de la pandemia de COVID-19, se observó una inversión de la relación
dialógica en la que primó la inercia. En efecto, la vuelta a la normalidad no
es un mero eufemismo, una rebeldía o una expresión de deseo, constituye el fiel
reflejo de las fuerzas inerciales de las organizaciones y de los contextos.
6.
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